El 22 de agosto, Roma Sur participó como parte de Circuitos ZⓈONAMACO. Esa misma fecha marcó la inauguración del espacio en su formato actual, y desde entonces permanece abierto al público
Después de más de veinte años operando Jovian Fine Art en Puerto Vallarta, José Villavicencio Anaya —conocido en el medio como Jovian— decidió cerrar ese capítulo por completo en lugar de replicarlo en Ciudad de México. No abrió una segunda sede. Abrió otra cosa: Roma Sur Proyectos Curatoriales, un espacio que deliberadamente no lleva su nombre ni la palabra «galería».
La decisión no fue accidental.
«Quitar mi nombre fue completamente deliberado. Yo quería que el espacio tuviera una identidad independiente de mí como artista», explica Jovian, quien empezó su carrera como galerista y gerente antes de producir obra propia.
Ese tránsito, dice, nunca se sintió como un cambio de oficio:
«Seguía haciendo lo que había hecho durante años, que era relacionarme con el arte, solamente que ahora también lo hacía desde otro lugar.»
Cerrar Jovian Fine Art en Vallarta implicó renunciar a dos décadas de clientela, reputación y red construida. En Ciudad de México, admite, «prácticamente vuelvo a empezar.» Pero ahí mismo encuentra el atractivo del cambio:
«Aquí la conversación alrededor del arte es mucho más amplia. Hay artistas, galerías, museos, curadores, coleccionistas y espacios independientes conviviendo todo el tiempo.»
Tampoco quiso llegar a competir con la escena ya consolidada de la colonia —OMR, Terreno Baldío, Nordenhake—. Al contrario, ve su tamaño reducido como ventaja:
«Me permite experimentar, cambiar rápidamente y hacer proyectos muy específicos sin tener que sostener la estructura de una galería mucho más grande.» Y añade algo que funciona casi como manifiesto:
«No necesitamos más espacios haciendo exactamente lo mismo. Necesitamos lugares con escalas, intereses y maneras de trabajar diferentes.»
El nombre —Proyectos Curatoriales, no galería— tampoco es cosmético. Jovian insiste en que no se trata de renunciar al mercado:
«No significa abandonar el mercado. La obra puede estar a la venta y el espacio puede seguir desarrollando relaciones con coleccionistas.» Lo que cambia es el orden de las prioridades:
«Quiero que primero esté el proyecto y después encontremos la estructura necesaria para hacerlo posible.»
Esa lógica ya se puso a prueba en la segunda muestra del espacio, que reúne dos proyectos independientes sin pretender unificarlos bajo un tema común. Uno es La Membrana, colaboración con Kevin Artavia construida bajo una regla estricta: Jovian pinta cada pieza hasta un 50 por ciento y Kevin Artavia completa el resto desde su propio lenguaje, sin acuerdo previo. El resultado sorprendió al propio Jovian.
«Durante mi parte del proceso aparecieron estos hombres dentro de burbujas… Empecé a percibir a esos personajes como hombres encerrados y la sensación me resultó angustiante.»
Le pidió entonces a Artavia que los liberara en su mitad del proceso, y así ocurrió: figuras y animales que rompen o atraviesan esas membranas.
El segundo proyecto, Gráfica del Cuerpo de Lucía Maya, parte de una investigación de más de quince años basada en el escaneo del propio cuerpo de la artista. Jovian no buscó un hilo temático artificial entre ambos proyectos: «No me interesa reunir artistas solamente porque sus obras se vean bien juntas. Me interesa que cada proyecto tenga algo que decir y una razón para estar en el espacio.»
Sobre el futuro de Roma Sur, Jovian evita comprometerse con una fórmula fija.
«No quiero que se convierta en una fórmula. Habrá exposiciones colectivas, proyectos individuales, colaboraciones y probablemente formatos que irán apareciendo conforme evolucione el espacio.»
Lo que sí quiere sostener es una relación de largo plazo con el público, más allá del circuito de inauguración:
«Quiero que exista una razón para regresar a Roma Sur… Me interesa más construir una comunidad alrededor del espacio que acumular visitantes.»