Por: Kary Fernández
La mujer exitosa no necesariamente espanta a los hombres, pero sí les pone un espejo enfrente, y querido público culto y conocedor, no siempre nos encanta lo que devuelve el espejo. Me ha resultado curioso que, a los 50, se acerquen a mí hombres ocho o diez años menores con mucha más facilidad que algunos de mi generación, y no creo que sean más seguros, creo que tienen mejor justificadas sus inseguridades. Si ella tiene más dinero, relaciones, viajes, patrimonio o una carrera más consolidada, siempre queda el maravilloso placebo de decir: “bueno, hombre, es que me lleva diez años”.
Y claro, diez años sirven para justificar casi cualquier distancia, porque uno supone que en ese tiempo alcanzará al otro. El problema es que cumplir años ocurre automáticamente, crecer no.
Hablemos del elefante en la sala: también existen hombres de 30 y 40 extraordinariamente exitosos, así que aquello de “tengo menos porque soy más chico” depende, como casi todo en esta vida, de comparado con quién. Pero psicológicamente funciona. La diferencia de edad les permite acercarse, quedarse y convivir con una mujer que quizá, teniendo exactamente su edad, les resultaría mucho más confrontante.
No están necesariamente menos inseguros, están menos tensos porque encontraron una explicación aceptable para la diferencia.
El problema será diez años después, cuando ella tenga 60, él 50 y descubra que el tiempo sí pasó, pero el milagro financiero no llegó.
Se extinguieron los mamuts, querido lector, pero las excusas parecen tener una capacidad evolutiva extraordinaria.
Just saying…