La precisión suiza que entiende el lujo de una nueva generación
En el marco de la edición Summer del CIAR, Salón Internacional de Alta Relojería, Maurice Lacroix se presentó en el Four Seasons como una de las casas que mejor interpreta una conversación necesaria dentro de la relojería contemporánea: cómo mantener el rigor de la manufactura suiza, la sofisticación técnica y el deseo de permanencia, sin alejarse de una generación que busca versatilidad, diseño y una relación más natural con el lujo.
Fundada en 1975, Maurice Lacroix celebró recientemente cinco décadas de historia. Para una industria acostumbrada a hablar en siglos, la firma se asume con una energía distinta: joven, dinámica, urbana y con una mirada menos solemne sobre la alta relojería. Su propuesta no parte únicamente de la exclusividad, sino de la inclusión. En sus propios términos, el lujo no tendría que ser inaccesible para ser relevante. Su filosofía se articula alrededor de una idea clara: acercar la relojería suiza a nuevos públicos, especialmente millennials y Gen Z, sin sacrificar calidad, diseño ni complejidad técnica.
Esa visión se hizo evidente durante su presencia en CIAR, donde la marca presentó piezas que dialogan con distintos perfiles de coleccionista: desde quien se aproxima por primera vez al universo de los relojes suizos, hasta quien busca complicaciones de manufactura con una lectura más contemporánea. Maurice Lacroix define este territorio como “lujo accesible”, una categoría que no simplifica el valor del objeto, sino que amplía la posibilidad de vivirlo. En México, de acuerdo con lo compartido por la marca, su oferta inicia alrededor de los 20,000 pesos y puede alcanzar piezas de alta complicación cercanas a los 300,000 pesos, dependiendo de la colección, materiales y movimiento.
Uno de los puntos más relevantes dentro de la conversación fue la colección AIKON, línea insignia de Maurice Lacroix y una de las más reconocibles por su estética urbana, su brazalete integrado y su vocación cotidiana. A partir de esa base, la firma ha construido una narrativa de evolución que encuentra en AIKONIC una nueva expresión. Esta colección, lanzada como parte de la celebración por los 50 años de la maison, resume el concepto de “legacy in motion”: mirar al pasado como punto de partida, pero entender el futuro como un territorio de innovación.
El AIKONIC Master Triple Retrograde representa quizá la declaración más contundente de esta etapa. La pieza incorpora tres indicaciones retrógradas y el calibre automático de manufactura ML291, integrando aperturas esqueletadas, puentes rodiados y una lectura arquitectónica del tiempo. Maurice Lacroix ha trabajado durante décadas con movimientos esqueletados e indicaciones retrógradas, y este modelo condensa esa experiencia en un reloj de presencia técnica, diseño urbano y clara vocación de alta relojería contemporánea. La propia marca lo presenta como una pieza de “innovative craftsmanship”, desarrollada desde su savoir-faire relojero en las montañas del Jura suizo.
Otro eje de la presentación fue la exploración de materiales. En el universo AIKONIC, Maurice Lacroix combina acero inoxidable, cerámica, carbono y caucho, alejándose de la construcción tradicional de uno o dos materiales para plantear un reloj con mayor riqueza visual, técnica y táctil. Esta mezcla responde a una lectura actual del lujo: piezas pensadas para acompañar estilos de vida cambiantes, donde un reloj debe funcionar con la misma naturalidad en una reunión, una cena, un viaje o una actividad deportiva.
Esa versatilidad también se expresa en uno de los atributos más funcionales de la marca: su sistema de cambio rápido de correas. Según lo compartido por Maurice Lacroix durante la entrevista, gran parte de sus piezas permite intercambiar brazaletes de acero, correas de piel o caucho sin herramientas, haciendo que un mismo reloj pueda transformarse según el momento del día. La idea es sencilla, pero poderosa: no se trata de poseer muchos relojes para muchas ocasiones, sino de tener una pieza capaz de adaptarse con inteligencia.
La conversación también abrió paso al nuevo PONTOS S Solar, una colección diseñada para una generación que busca rendimiento, diseño y practicidad. Se trata de un reloj sport-elegant con tecnología solar, pensado para un uso cotidiano y activo. Su propuesta integra resistencia al agua de 200 metros, versiones de tres manecillas y cronógrafo, además de una reserva de marcha que puede alcanzar hasta ocho meses con carga completa en el modelo de tres manecillas, según información disponible de la colección.
El PONTOS S Solar encuentra un lugar natural dentro de la narrativa actual de Maurice Lacroix. No busca ser un reloj de vitrina, sino un instrumento de estilo: suficientemente técnico para acompañar la actividad diaria, suficientemente elegante para sostener una presencia sofisticada y suficientemente flexible para conectar con nuevos consumidores. La colección contempla distintas combinaciones de color, correas intercambiables y ediciones especiales, reforzando una estética más fresca, luminosa y urbana.
En México, Maurice Lacroix ha fortalecido su presencia durante los últimos años. La marca señaló que cuenta con presencia en puntos de venta como Liverpool y Palacio de Hierro, además de disponibilidad en sus plataformas en línea, con piezas estándar en una distribución más amplia y modelos de manufactura o mayor complicación en tiendas seleccionadas. Su participación en CIAR ha sido clave para acercarse a la comunidad relojera mexicana y presentar no sólo producto, sino una visión de marca.
En un salón donde la alta relojería suele hablar desde la herencia, Maurice Lacroix eligió hablar también desde el movimiento. Su apuesta no renuncia a la tradición suiza, pero la traduce en un lenguaje más actual: diseño urbano, manufactura, complicaciones, materiales mixtos y una noción de lujo menos distante. En el Four Seasons, durante esta edición Summer de CIAR, la firma dejó claro que su lugar dentro de la relojería contemporánea no depende únicamente de lo que ha construido en 50 años, sino de la forma en que está imaginando los próximos 50.
Porque en Maurice Lacroix el tiempo no se entiende como un símbolo inmóvil de estatus, sino como una experiencia viva: precisa, versátil y profundamente personal.