- El acuerdo birregional abarca a 780 millones de personas y cerca del 25% del PIB mundial
- La vía del «Acuerdo Interino» permitiría adelantar los efectos comerciales, aun sin ratificación plena
- El impacto para las empresas dependerá más del cumplimiento de estándares que de la baja de aranceles
El Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y el Mercosur atraviesa su momento más determinante tras más de 25 años de negociaciones. Con la posibilidad de activar su capítulo comercial desde 2026 a través de un acuerdo interino, el tratado podría empezar a impactar el comercio y la inversión birregional incluso antes de completar su ratificación política. De acuerdo con el estudio Entre la apertura y la competitividad, elaborado por LLYC, consultora líder global en comunicación, este escenario adelantaría los efectos económicos de uno de los pactos más ambiciosos del comercio global.
El acuerdo conectaría a dos bloques que, en conjunto, representan un mercado de 780 millones de personas y alrededor del 25% del PIB mundial. Actualmente, el comercio bilateral ya supera los 110 mil millones de euros anuales, pero mantiene una estructura asimétrica: el Mercosur exporta principalmente productos agroindustriales y minerales, mientras que la Unión Europea concentra sus envíos en manufacturas, maquinaria, automóviles, farmacéuticos y servicios.
De avanzar su implementación, el tratado eliminaría o reduciría más del 90% de los aranceles bilaterales. Para las empresas europeas, esto podría traducirse en ahorros superiores a 4 mil millones de euros anuales en derechos de importación, además de un acceso más estable a materias primas críticas para la transición energética. Para el Mercosur, el beneficio se concentraría en un mayor acceso preferencial al mercado europeo y en la atracción de inversiones vinculadas a tecnología, energía e infraestructura.
Las proyecciones incluidas en el análisis anticipan que el comercio birregional podría crecer hasta 37% en el mediano plazo, incluso bajo escenarios conservadores. No obstante, el informe advierte que los beneficios no serán automáticos ni homogéneos. Mientras algunos sectores exportadores podrían expandirse con rapidez, otros enfrentarán una mayor presión competitiva, especialmente en industrias manufactureras sensibles del Mercosur y en determinados segmentos agrícolas europeos.
Más allá de la reducción de aranceles, el principal desafío para las empresas estará en el cumplimiento de los exigentes estándares europeos en materia ambiental, sanitaria, de trazabilidad y sostenibilidad. En la práctica, el acuerdo favorecerá a compañías con sistemas robustos de cumplimiento normativo, capacidad de certificación y estrategias de largo plazo, convirtiendo la adaptación regulatoria en un factor central de competitividad.
En el plano político, el futuro del acuerdo sigue condicionado por tensiones internas dentro de la Unión Europea. Mientras países como Alemania y España impulsan su aprobación como una herramienta clave para fortalecer la competitividad y diversificar cadenas de suministro, otros, encabezados por Francia, mantienen objeciones vinculadas a la protección de sectores agrícolas y al cumplimiento de compromisos ambientales. En contraste, el Mercosur muestra hoy un mayor alineamiento político en torno al tratado, al considerar que el costo de seguir postergando su entrada en vigor sería mayor que los desafíos pendientes.
El Acuerdo UE–Mercosur se perfila así como un punto de inflexión para la integración económica birregional. Su impacto final dependerá no solo de los procesos legislativos en curso, sino de la capacidad del sector privado para anticiparse, invertir y transformar la apertura comercial en innovación, competitividad y crecimiento sostenible.