Hoy, en el 12º aniversario de su triste partida, recordamos a Steve Jobs, el cofundador de Apple, un hombre que dejó una huella imborrable en el mundo de la tecnología. Aunque fue conocido por su carácter severo y estricto, su legado perdura y sigue influyendo en la forma en que vivimos y nos relacionamos con la tecnología en la actualidad.
El 5 de octubre de 2011, Steve Jobs nos dejó tras una larga batalla contra el cáncer. Sin embargo, antes de partir, cambió el curso de la historia de la humanidad y nos legó una serie de productos tecnológicos que continúan siendo parte fundamental de nuestra vida cotidiana.
Sin él, es probable que no estaríamos hablando de Apple, la compañía que amaba y a la que devolvió su prestigio después de haber sido reemplazado años atrás. Tampoco tendríamos el iPhone, el revolucionario smartphone que dio origen a toda una nueva generación de dispositivos móviles. El iPad, una tablet que sigue siendo líder en ventas, tampoco existiría, al igual que otros dispositivos como el Apple Watch o los AirPods, que surgieron de sus visionarias ideas.
Steve Jobs tenía una filosofía de trabajo única: «No me dedico a poner las cosas fáciles a mis trabajadores. Me dedico a lograr que cada día se superen a sí mismos.» Con esta mentalidad, unió a toda la compañía en la consecución de proyectos innovadores y seleccionó a los mejores empleados para liderarlos, inspirándolos a crear productos excepcionales.
Estos dispositivos electrónicos no solo nos han facilitado la vida y brindado entretenimiento, sino que también han ayudado a personas con discapacidades y nos han permitido mantenernos en contacto con nuestros seres queridos. Por todo ello, agradecemos a Steve Jobs por cambiar el mundo y por las tres «manzanas» que, a lo largo de la historia, han transformado nuestra existencia de manera significativa. Una manzana que sedujo a Eva, otra que inspiró a Isaac Newton, y la tercera que encendió la chispa de toda una generación en la era moderna.