Por Kary Fernández
En México, ser mujer guapa y/o con dinero y/o poder y/o inteligente no es el pase VIP al amor que muchos creen… es más bien el boleto dorado a un parque de diversiones donde el 90% de los juegos están descompuestos y los otros 10% tienen fila de espera de tres años. (Las estadísticas de divorcio en México respaldan el dato duro de la espera ).
Porque… atendiendo a los preceptos machistas y la cultura tradicional mexicana; una mujer así es, en el mejor de los casos, intimidante; en el peor, una amenaza que hay que “bajar de su nube”. Cómo se atreve ella a tener lo que a él le dijeron que era su derecho divino -y exclusivo ?
Los hombres mexicanos tradicionales (no todos, pero sí una alarmante mayoría estadística según la experiencia empírica en restaurantes de lujo y chats de WhatsApp) están formateados para admirar la belleza… siempre y cuando venga con un paquete de fragilidad y dependencia económica. Una mujer que brilla con luz propia, además de brillar con cuentas bancarias, les hace cortocircuito. No saben si invitarla a cenar, pedirle un préstamo o huir a la Sierra de Oaxaca a cultivar aguacates.
Y ni hablar de los que presumen de “mente abierta”. Son los mismos que te dicen que “les encanta que seas tan exitosa”… hasta que descubren que tus ingresos anuales triplican su patrimonio familiar y entonces empiezan a hacer chistes pasivo-agresivos sobre “el capitalismo voraz”.
En la sociedad mexicana tradicional, la narrativa sigue siendo: él proveedor, ella agradecida. Si inviertes ese guion, muchos pierden el interés erótico y se activan sus complejos freudianos. Resultado: las mujeres guapas, inteligente, ricas y poderosas acaban filtrando Raya como si buscaran al Santo Grial en un tianguis.
La realidad es que estas mujeres no están solas porque no las quieran. Están solas porque no quieren a cualquiera. Porque con tanto esfuerzo por construir un imperio personal, no están dispuestas a dinamitarlo por un hombre que se siente emasculado cuando ella paga la cuenta del bar sin pestañear.
Y claro, siempre hay excepciones: hombres seguros, exitosos, inteligentes, con sentido del humor y sin miedo a una mujer con corona. Son tan raros como un político honesto, pero existen. Mientras tanto, las demás pueden optar por el club de fans de los perros, el vino tinto y los viajes en business… porque a veces es mejor la paz mental que un novio con ego de cristal.