Edgar Cleto | Director Editorial, PR Strategist & Coolhunter.
Durante años nos acostumbramos a pensar que la política era tema de empresarios, economistas, periodistas y sobremesas que eventualmente terminaban en discusión. Mientras tanto, quienes trabajamos en moda, comunicación, eventos, relaciones públicas, diseño o publicidad parecíamos vivir en otro universo: uno donde importaban las tendencias, las experiencias, las campañas y, por supuesto, que el evento empezara a tiempo.
Pero resulta que no. La política también llega al moodboard.
Y no necesariamente porque una agencia quiera tomar postura frente a un gobierno. Llega porque detrás de cualquier producción creativa existe una empresa, detrás de esa empresa existe un presupuesto y detrás de ese presupuesto hay alguien preguntándose qué va a pasar mañana.
En 2024, las actividades culturales representaron 2.8% de la economía mexicana y generaron más de 1.4 millones de puestos de trabajo, según INEGI. Es decir, hablar de creatividad como si fuera solamente “hacer cosas bonitas” ya resulta bastante anticuado. Hay diseño, espectáculos, contenidos digitales, producción audiovisual, música, publicidad y toda una cadena económica detrás.
El problema aparece cuando el escenario político, comercial o regulatorio se vuelve complicado.
La primera reacción empresarial suele ser muy sencilla: esperar.
Esperar para lanzar. Esperar para contratar. Esperar para hacer el evento. Esperar para aprobar esa campaña enorme que hace tres meses parecía maravillosa.
Deloitte, por ejemplo, ha señalado que la incertidumbre comercial y geopolítica ha llevado a empresas en México a adoptar posiciones más cautelosas frente a nuevas inversiones. Y cuando el cliente se vuelve cauteloso, la creatividad inevitablemente lo siente.
Ahí empieza nuestro pequeño drama creativo.
Porque el presupuesto que antes alcanzaba para una campaña completa ahora se divide. El evento de 500 personas se convierte en uno de 150. El viaje de prensa se transforma en una experiencia local y aquella producción digna de Cannes termina acompañada de la frase que cualquier creativo conoce perfectamente: “¿y si hacemos algo más sencillo?”
Pero quizá aquí está la parte interesante.
Las industrias creativas históricamente han encontrado sus mejores ideas precisamente cuando no tienen todo resuelto.
La incertidumbre obliga a las agencias a entender mejor a sus audiencias; a las marcas, a cuidar lo que dicen; a los eventos, a justificar por qué existen; y a los equipos de relaciones públicas, a construir reputación y no solamente fotografías bonitas.
Incluso el contexto regulatorio importa cada vez más. Las discusiones actuales en México alrededor de medios, publicidad, audiencias y plataformas muestran que comunicación, política y creatividad están bastante más conectadas de lo que nos gustaría admitir.
Por eso quizá la pregunta para las empresas creativas ya no debería ser únicamente “¿qué vamos a crear?”, sino “¿por qué tiene sentido crearlo en este momento?”
Porque una buena idea puede ser bonita.
Una gran idea entiende el contexto.
Y en tiempos políticamente complejos, entender el contexto también es parte del proceso creativo.