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De Van Gogh a Baudelaire: Jenny Holzer lleva sus palabras a la fachada del Orsay

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Esta semana, si pasas por el Sena al anochecer, la antigua estación de Orsay se convierte en algo distinto. Durante cinco noches, del 18 al 22 de octubre, de las 19 a las 23 horas, una proyección de luz de casi 143 metros de ancho hace desfilar frases por su fachada. No es un anuncio ni un espectáculo vacío: son textos reales de artistas y escritores del siglo XIX y principios del XX, sacados de las cartas y diarios que guarda el propio museo.

Jenny Holzer ha elegido cerca de 250 fragmentos de unos 34 autores. Aparecen Vincent van Gogh, Paul Cézanne, Gustave Flaubert, Émile Zola, Charles Baudelaire, Auguste Rodin y muchos más. Las frases se leen grandes, se reflejan en el río y se sienten cercanas. Hay una de Mary Cassatt, escrita al estallar la Primera Guerra Mundial: “Como dices, el mundo está loco ahora mismo”. Holzer la grabó también en una columna de mármol que está dentro del museo.

La exposición se llama J’ai vu (“He visto”) y se abre el 20 de octubre. Estará hasta el 21 de febrero de 2027. No es solo la proyección nocturna. Dentro, Holzer ha instalado un gran letrero LED que recorre varias salas de pintura de historia, naturalismo y simbolismo, y también la de Courbet. Los textos van pasando en colores mientras la gente camina, como si la antigua estación volviera a moverse, pero ahora con palabras en lugar de trenes.

Hay más. Diecisiete bancos y un par de columnas de mármol distintos, cada uno con frases grabadas. Uno lleva palabras de Camille Claudel frente a La puerta del Infierno de Rodin. También cuelga sus propias pinturas hechas con hoja de oro, platino y paladio, donde partes del texto están tachadas o escondidas. Hablan de secretos, de guerras y de lo que se oculta.

Holzer no inventa casi nada. Se metió en los archivos del museo, leyó cartas de Monet, de Van Gogh, de Cassatt, de Morisot. Sacó frases que hablan de guerra, de huelgas, de colonialismo, de la vida cotidiana en el París de Haussmann, de la dificultad de sentir o de no sentir nada. El resultado es un diálogo entre el pasado que el Orsay guarda y el presente que vivimos. Las preocupaciones de entonces no suenan tan lejanas.

Es gratuito ver la proyección desde la orilla del río. Dentro del museo se paga la entrada normal. Si estás en París estos días, vale la pena salir un rato de noche solo para ver las letras moverse sobre la piedra.

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