Por: Kary Fernández
Hay algo peor que no tener contenido… tener exactamente el mismo contenido que todos los demás.
Últimamente abro LinkedIn, Instagram o TikTok y tengo una extraña sensación de déjà vu. Cambia la cara, cambia el fondo, cambia la tipografía, pero la idea ya la vi ayer. Y anteayer. Y probablemente hace tres años.
Todos hablan de liderazgo, todos descubrieron la autenticidad, y todos recomiendan salir de la zona de confort y todos tienen cinco secretos que nadie te contó. Curiosamente, los secretos son idénticos. La misma gata revolcada.
La inteligencia artificial no inventó este problema… lo democratizó… y lo industrializó.
Antes copiar requería cierto esfuerzo pero hoy podemos producir en minutos una versión ligeramente distinta de una idea que ya era una versión ligeramente distinta de otra. Estamos entrando en una economía de contenido abundante y pensamiento escaso.
Y ahí aparece una paradoja fascinante desde el marketing… mientras producir contenido se vuelve más barato, tener criterio se vuelve más caro.
LinkedIn y Edelman encontraron algo revelador. El 52% de los tomadores de decisiones y 54% de los ejecutivos C Suite dedican al menos una hora semanal a consumir thought leadership. Sin embargo, solamente 15% calificaba como “muy bueno” el contenido que encontraba.
Y ojo porque justo ahí está el negocio.
No necesitamos publicar más sino pensar mejor.
Para mí, el contenido capaz de liderar una conversación actualmente necesita cinco cosas… criterio propio, evidencia, contexto, utilidad y una posición que implique algún pequeño riesgo reputacional.
Porque si absolutamente nadie puede estar en desacuerdo contigo, probablemente tampoco estás diciendo demasiado.
El contenido verdaderamente influyente no responde solamente “qué está pasando”. Interpreta por qué está pasando, quién gana con ello, quién pierde, qué comportamiento humano está detrás y qué podría suceder después.
Para que sepa, eso es arquitectura de influencia.
La influencia no consiste en conseguir atención sino en instalar marcos mentales desde los cuales otros empiezan a interpretar la realidad.
Y aquí la psicología social resulta fundamental porque las personas seguimos buscando señales de autoridad para decidir qué creer. Antes podían ser un cargo, un medio o una institución pero ahora también evaluamos consistencia, especialización, trayectoria y capacidad de interpretación.
Por eso estamos viendo tantos líderes a vapor… aparecen rápido, crecen rápido y algunos desaparecen exactamente a la misma velocidad.
Confundieron visibilidad con autoridad, y la visibilidad puede comprarse pero la autoridad necesita sedimentación.
El estudio 2025 de Edelman y LinkedIn resulta todavía más interesante… incluso los llamados “compradores ocultos”, personas que influyen en decisiones sin ser necesariamente la cara visible, valoran contenidos capaces de informar y hasta desafiar su perspectiva. Las ideas audaces pueden incluso permitir que marcas menos conocidas compitan contra jugadores establecidos.
Ahora pensemos en las mujeres porque yo aquí veo una oportunidad enorme, y me explico:
Las mujeres todavía representan apenas 35.4% de las posiciones gerenciales globales, pese a constituir aproximadamente la mitad de la población mundial en edad laboral.
Durante décadas muchas aprendieron que para avanzar había que demostrar competencia sin brillar demasiado, tener opinión sin parecer conflictivas y destacar procurando no parecer ambiciosas.
Las redes y la IA modificaron parcialmente esa ecuación ya que hoy una mujer con experiencia puede construir propiedad intelectual alrededor de lo que sabe sin esperar que alguien le conceda una columna, un escenario, una oficina o un nombramiento.
Pero existe una condición: No utilizar la IA para sonar como todos sino utilizarla para investigar mejor, contrastar mejor, producir mejor y distribuir mejor… pero conservar algo que todavía no se automatiza fácilmente: experiencia vivida convertida en criterio. (Esta tesis robada a Cata Irurita es tema de un podcast)
Porque la próxima competencia no será humano contra inteligencia artificial sino pensamiento genérico contra pensamiento reconocible.
Y en un mercado inundado de contenido perfectamente correcto, perfectamente producido y perfectamente olvidable, quizá el verdadero lujo intelectual sea volver a tener una opinión propia, y si, la IA puede ayudarte a escribir pero lo que todavía necesitas decidir tú es si tienes algo que valga la pena decir.
Just saying…