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La cocina como escenario de vida: así se transforma el hogar de Alexandra Ivanisevic y Santiago Alcocer con Dekton by Cosentino

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La cocina es el núcleo emocional de la vivienda contemporánea. Alexandra Ivanisevic y Santiago Alcocer comparten cómo el diseño de su cocina ha transformado la convivencia y la manera en que viven el día a día en familia.

En la arquitectura doméstica contemporánea, la cocina ha dejado de ser un espacio secundario para convertirse en el verdadero corazón de la casa. Es ahí donde la rutina se vuelve conversación, donde lo cotidiano adquiere significado.

Para Alexandra Ivanisevic, la cocina terminó por redefinir la dinámica familiar de una forma natural. “Es el lugar donde todo pasa, sin tener que planearlo”, comparte. Lo que antes era un espacio funcional hoy se ha convertido en el punto de encuentro donde el día fluye entre comidas, pausas y conversaciones.

Santiago Alcocer coincide en esa transformación, pero la describe desde una sensación: “La vivimos mucho más tranquilos. Ya no es un espacio que te limita, es un espacio que te acompaña”. Esa idea de acompañamiento aparece constantemente en su experiencia: una cocina que no interrumpe, que no exige, que simplemente está ahí mientras la vida sucede.

Ambos coinciden en que esa libertad ha cambiado la forma en que habitan su casa. “Puedes usarla sin preocuparte, sin estar pensando todo el tiempo en cuidarla”, añade Alexandra. Esa ausencia de tensión permite que la cocina deje de ser un espacio controlado y se vuelva uno espontáneo.


El resultado es un lugar que invita a quedarse. “Nos reúne sin darnos cuenta”, dice Santiago. No hay horarios ni reglas estrictas: la cocina funciona como un espacio abierto donde cocinar, platicar o simplemente estar ocurren al mismo tiempo.

La elección de materiales como Dekton, desarrollado por Cosentino, acompaña esa experiencia desde la discreción. Su resistencia y durabilidad no se imponen en el discurso, pero sostienen esa forma de habitar sin fricciones, permitiendo que la atención se centre en lo esencial: el tiempo compartido.

Cuando la arquitectura logra responder a la vida cotidiana sin hacerse evidente, el espacio cambia de escala. La cocina deja de ser un programa dentro de la casa para convertirse en el lugar donde la familia realmente se encuentra.

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