Por Kary Fernández
Vamos a poner las cartas sobre la mesa y las arrugas donde ya no estorban: las mujeres salimos con hombres más jóvenes porque podemos. No por trauma paterno, no porque nos falte “un reloj biológico” o porque la menopausia nos haya puesto locas. Lo hacemos porque es práctico, estético y —si se hace bien— hasta rentable. Y lo siento si esto desajusta los lentes de doble moral con los que muchos leen la realidad.
Desde mi enfoque de publirrelacionista consagrada —y testigo profesional del deterioro del encanto masculino post-45— me atrevo a afirmar que salir con un hombre más joven es una estrategia de vida tan lógica como diversificar inversiones: renuevas energía, exploras nuevas apps, y tienes con quién armar playlist sin terminar en “Juan Gabriel Radio”.
Mientras la sociedad aún aplaude con babero a hombres que cambian a su esposa por una influencer con glosario limitado, a nosotras se nos exige recato, resignación y ropa beige. No, gracias. Ser incluyentes también es incluir nuevas narrativas: como la de una mujer empoderada que decide salir con alguien que aún no dice “yo ya no salgo entre semana” como si fuera una virtud o peor: una muestra de madurez.
Los hombres jóvenes no vienen con tanto equipaje emocional, y si lo traen, al menos no lo embalan en traumas sin terapia y comentarios pasivo-agresivos sobre la cuenta del restaurante. Tienen una apertura al mundo que no se alimenta de celos, y además —seamos honestas—, uno no los tiene que explicar tanto. No hay que contarles quién fue Madonna ni traducirles lo que es un meme.
En el PR, como en la vida, el timing es todo. Y el de los “más jóvenes” suele ser más fresco, más suave y —por qué no decirlo— más estimulante. Salir con uno de ellos no te hace menos seria ni menos “estable”. Solo significa que no estás dispuesta a conformarte con el repertorio habitual de silencios matrimoniales y calcetines tristes.
Normalizar esto no es pedirle permiso a la sociedad: es simplemente actualizar su software emocional. Porque si ya aceptamos que la inteligencia artificial escribe novelas y que los políticos hacen TikToks, cómo no vamos a aceptar que una mujer brillante y bien parada decida tener de pareja a alguien que aún sabe cómo reírse con ganas?
Así que sí, salgo con alguien más joven. No por desesperación, sino por decisión. No para sentirme menos vieja, sino más viva. Y si eso incomoda, pues mala tarde: tal vez también deberíamos normalizar el uso de bloqueador emocional para tanta sensibilidad innecesaria.
Yo, como publirrelacionista incluyente y curtida en los campos de batalla del ego masculino, te lo puedo confirmar: a los hombres jóvenes no hay que recordarles que una mujer no es una extensión del sofá. No están esperando que les “aguantes sus formas”. No traen la escuela del “yo así soy” como si fuera un mérito existencial. Vienen con manual actualizado, menos inseguridades y, lo más importante: están dispuestos a aprender. Que joya de algoritmo !
Salir con alguien más joven es como hacerle mantenimiento al sistema: menos bugs emocionales, más actualizaciones, mejor interfaz.
Yo no soy ninguna víctima del paso del tiempo, soy su inversionista. Y si para sentirme viva, divertida y acompañada tengo que cruzar una o dos generaciones, pues qué bendición. Esto no es rebeldía, es estrategia emocional con branding personal.
Amar sin fecha de caducidad es más liberador que vivir para encajar en etiquetas ajenas.