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Enero siempre llega con una promesa implícita.

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La de empezar de nuevo no te la sabes?. En recientes platicas con diversos CEO`s suena mucho esto, la de empezar siempre una y otra vez, las veces que sean necesarias. La de ordenar la agenda, el cuerpo, la mente. La de escribir propósitos con letra firme, como si el calendario tuviera la capacidad mágica de alinear al mundo con nuestras intenciones.

Pero la realidad rara vez coopera.

Apenas comienzan los primeros días del año y la vida nos recuerda (sin pedir permiso) que la vida no avanza en línea recta. Celebraciones que todavía resuenan en el cuerpo, decisiones que no pueden esperar, noticias internacionales que polarizan naciones, mercados, ideologías. Y de pronto, un temblor a las ocho de la mañana sacude a todo un país y, con él, la famosa alarma de sismo que cada mexicano tiene grabada en su cabeza, identificable desde los primeros dos segundos, quitándonos la certeza de control que creíamos tener. No importa el plan, la hora ni el estado de ánimo: hay movimientos que nos reordenan desde dentro.

Ahí es donde los propósitos dejan de ser una lista aspiracional y se convierten en una prueba de carácter.

Porque mientras para algunos el inicio de año es simplemente un día más (otro lunes disfrazado), para otros es un parteaguas emocional. El deseo de crecer, de desarrollarse, de ir más lejos, convive con una realidad que constantemente pone obstáculos, contradice rutinas y nos obliga a negociar con el cansancio, la incertidumbre y el miedo. El quiebre no está en querer más, sino en sostener ese deseo cuando el entorno no acompaña.

Planear el inicio de 2026, entonces, no se trata de rigidez, sino de adaptación. De entender que la resiliencia no es aguantarlo todo, sino saber cuándo ajustar el rumbo. Que tomar decisiones difíciles en momentos de vulnerabilidad no nos debilita: nos define. A veces decidir es frenar. A veces es soltar una idea que ya no encaja. A veces es aceptar que hoy no se puede con todo, pero sí con lo esencial.

Los verdaderos propósitos no se rompen con el caos: se reformulan. Se vuelven más estratégicos. Ya no responden a una versión idealizada de nosotros mismos que como el famoso aforismo escrito en el oráculo de Delfos «Conócete a ti mismo» debería ser nuestra primera uva para ser reales en cuanto a nuestros planes y metas reales y que eso nos de la capacidad real de actuar en medio del ruido, de la duda y del cambio constante.

Empezar el año queriendo lo mejor sigue siendo válido. Pero crecer (de verdad) implica aprender a construir incluso cuando el piso se mueve. Porque en tiempos complejos, avanzar no siempre es ir rápido: muchas veces es mantenerse de pie, mirar con claridad y decidir, aun con las manos temblando, cuál es el siguiente paso…

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