Fundación Posadas celebra su 20 aniversario y reafirma su compromiso de trabajar permanentemente brindando apoyo a comunidades en situación de vulnerabilidad en México. Desde su creación en 2004, Fundación Posadas se ha enfocado en impulsar iniciativas en materia de salud, educación y desarrollo comunitario, además de brindar asistencia en emergencias y desastres naturales.
A lo largo de estos 20 años, miles de personas han encontrado en Fundación Posadas una mano amiga. Su trabajo está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, contribuyendo en los pilares de Salud y Bienestar (ODS 3), Educación de Calidad (ODS 4) y Reducción de las Desigualdades (ODS 10). En este aniversario, Posadas no solo celebra los logros alcanzados por la Fundación, sino que también reafirma su compromiso de seguir acompañando a las comunidades mexicanas en su crecimiento y bienestar, siempre en línea con su propósito de hacer del mundo un mejor lugar.
Uno de los ejes fundamentales de la Fundación ha sido la educación. Gracias a los programas de becas y apoyo escolar, más de 13,800 estudiantes han podido continuar sus estudios con mejores oportunidades. Solo en 2024, más de 6,000 niños y jóvenes en situación vulnerable han recibido apoyo para garantizar su acceso a una educación de calidad.
El compromiso con la respuesta ante emergencias ha sido un valor central en la misión de Fundación Posadas. A lo largo de los años, ha brindado apoyo a más de 4,700 personas damnificadas por desastres naturales. Un ejemplo reciente fue que en 2024, en respuesta al impacto del huracán Otis en Acapulco, ha enfocado sus esfuerzos en la reconstrucción de escuelas y la entrega de recursos esenciales a familias afectadas. En los últimos dos años la colaboración con las comunidades afectadas en Guerrero ha sido una prioridad.
A lo largo de 20 años se ha beneficiado a más de 100, 000 personas con un monto de inversión de 149 millones de pesos por parte de Posadas.
Desde 2004, Fundación Posadas ha sido sinónimo de cercanía, solidaridad y compromiso. Estos años de esfuerzo ininterrumpido han permitido generar un impacto positivo y duradero en la vida de miles de familias. Posadas, a través de Fundación Posadas continúa su labor con la firme convicción de seguir construyendo un México más justo y equitativo, donde nadie se quede atrás.
Hay fechas que permanecen en la memoria colectiva no solo por lo que ocurrió, sino por aquello que despertaron en una sociedad. Para Roberto Domínguez Suberbie, el 19 de septiembre representa precisamente eso: la capacidad de las personas para organizarse, ayudarse y permanecer juntas frente a la adversidad.
A partir de esta reflexión nació CHICAHUA1, un proyecto que Domínguez Suberbie ha desarrollado durante los últimos dos años y que propone llevar esos valores que aparecen en momentos de crisis —la solidaridad, la empatía, la amabilidad y el sentido de comunidad— a un espacio mucho más cotidiano: nuestra vida diaria.
La iniciativa tuvo su primera expresión colectiva el pasado 19 de septiembre, a través de dos encuentros realizados en sitios profundamente vinculados con la memoria del sismo: la Escuela Rébsamen y la colonia Hipódromo, reconocida durante aquella emergencia como una de las zonas cero de la ciudad.
En ambos puntos, la memoria dio paso a la participación. Vecinos, familias, amigos y miembros de la comunidad se reunieron alrededor del arte y la convivencia para crear murales colectivos. Flores, velas, pintura y brochas se convirtieron en elementos de una misma expresión: un gran corazón construido entre muchas manos.
Más allá de crear una pieza artística, la propuesta buscó recuperar el espíritu de colaboración que surge cuando una comunidad entiende que puede hacer frente a las circunstancias de manera conjunta. Cada persona encontró su propia forma de participar, sin reglas determinadas y desde una intención compartida.
Para Domínguez Suberbie, el verdadero desafío comienza después de las fechas conmemorativas: hacer que esa solidaridad no aparezca únicamente cuando ocurre una emergencia, sino que forme parte de la manera en que nos relacionamos, ayudamos y convivimos todos los días.
CHICAHUA1 parte de esa premisa. El proyecto busca convertir la unión en una práctica cotidiana y recordar que pequeños actos de consideración también pueden contribuir a construir comunidades más cercanas.
Los encuentros del 19 de septiembre representan apenas el inicio. Las próximas acciones de CHICAHUA1 buscarán continuar llevando este mensaje a distintos espacios y situaciones, con la intención de demostrar que aquello que una sociedad es capaz de hacer unida en los momentos más difíciles también puede convertirse en una fuerza para transformar su día a día.
Víctor González Dr. Simi realiza una aportación inicial de un millón de pesos y AyuPADi anuncia orientación legal, social, educativa y laboral, además de descuentos en Farmacias Similares.
La Asociación Nacional para Ayudar a las Personas con Discapacidad (AyuPADi) busca orientar y acompañar a quienes viven con discapacidad motriz, sensorial, intelectual o mental, promoviendo sus derechos, su bienestar emocional, su inclusión social y una mejor calidad de vida.
La sesión informativa, convocada por Víctor González Dr. Simi, tuvo como finalidad compartir experiencias y, sobre todo, sentar las bases de una comunidad más inclusiva y solidaria.
Las encargadas de conducir este evento, que convocó a más de mil 500 personas, fueron las periodistas Tere Aviña y Bárbara Anderson, quienes viven la discapacidad desde distintos ángulos.
La participación de Víctor González Dr. Simi llegó con un mensaje:
“AyuPADi es una institución que quiero mucho y que fue creada para ayudar incondicionalmente a las personas con discapacidad, que son como mis hermanos. Así que mi primera aportación es de un millón de pesos”.
Bárbara Anderson y Tere Aviña dieron la bienvenida al ensamble inclusivo “Cem Paqui”, conformado por niños y adolescentes con y sin discapacidad, así como a los testimonios de atletas paralímpicos, actores, familiares y conferencistas.
“Quienes vivimos la discapacidad sabemos que no es un problema sólo de diagnóstico; también están las barreras, las puertas cerradas y el costo de su atención. Pero tenemos derechos, y por eso surge AyuPADi, para que una persona que no sabe a dónde ir encuentre comunidad. Hoy pasamos a la acción con esta institución que se encargará de defender y acompañar”, mencionó Bárbara Anderson.
Por su parte, Luz Blanchet destacó la importancia de contar con información y atención oportuna:
“La falta de conocimiento y de diagnóstico y atención oportuna complica las cosas, y entiendo a las madres que han tenido que hacer de todo por sus hijos. Son excelentes mamás. Pero, gracias a personas como Víctor González Dr. Simi por ayudarnos con nuestra misión”.
Durante el encuentro también se compartieron testimonios que reflejan la importancia de la inclusión y de abrir nuevas oportunidades para las personas con discapacidad.
“Vivo con autismo leve y los médicos aseguraban que no iba a poder nadar ni correr ni hacer deporte. Ahora soy campeona paralímpica en natación. Así que la discapacidad me ha dado mucho, gracias Víctor González Dr. Simi por sumarse a la inclusión”, agregó Mildred Italia Sanabria, atleta paralímpica.
Acompañamiento y beneficios
Los afiliados obtendrán desde orientación legal gratuita, hasta orientación social, educación y capacitación laboral, así como descuentos de 10 % en Farmacias Similares, entre otros beneficios.
El registro es mediante la página www.ayupadi.org.mx y sólo es necesaria información básica como nombre, domicilio, edad y persona de apoyo.
Con esta iniciativa, AyuPADi busca consolidarse como un espacio de acompañamiento y orientación para las personas con discapacidad y sus familias, promoviendo una comunidad más inclusiva, solidaria y consciente de sus derechos.
Zacatecas, 1980. Ahí comienza la historia de Karla Rojo. En 1998 ingresó a la universidad para estudiar administración, pero cuatro años después decidió abandonar esa ruta y dedicarse de tiempo completo a la pintura. Su formación se fue construyendo de manera esencialmente autodidacta, entre talleres, cursos, lecturas y una práctica sostenida que con el tiempo la llevaría a mostrar su trabajo en distintas ciudades de México, así como en España, Francia y Portugal. Desde 2011 combina su producción artística con la enseñanza de dibujo y pintura en Bucerías, Nayarit, donde reside.
Ese origen importa porque la obra de Rojo parece haberse construido precisamente desde la observación continua, más que desde la obediencia a una fórmula. Su pintura parte del comportamiento humano: cómo nos relacionamos, qué ocultamos, qué deseamos, qué tememos y de qué manera terminamos construyéndonos frente a los demás. Trabaja generalmente por series y entiende al espectador como parte activa de la pieza, alguien que termina de darle sentido desde su propia historia.
Durante los últimos años, esa investigación ha transitado entre dos territorios que constantemente se encuentran: la sociedad y la intimidad.
En 2022, el Minotauro ocupó un lugar importante dentro de su imaginario. Rojo parte de referentes como Arturo Rivera, Picasso, Pedro Coronel, Goya y Lucian Freud para observar la manera en que lo masculino ha sido representado a través de la animalidad. Desde su propia mirada, el Minotauro adquiere una condición ambivalente: es fuerza y fragilidad, atracción y rechazo, belleza y bestialidad.
Pero Rojo no utiliza el mito para hablar del pasado. Lo trae al presente.
En Penélope, por ejemplo, Odiseo ya no está necesariamente en una guerra: trabaja, sale con amigos, construye su vida, mientras ella continúa esperando noticias que llegan cada vez con menor frecuencia. El mito clásico se convierte así en una escena afectiva reconocible. Cambian los siglos y las herramientas —ahora existen notificaciones, pantallas y mensajes—, pero permanecen la espera, el deseo y la dificultad de interpretar al otro.
Para 2023 y 2024, la mirada de la artista se expande hacia lo social. Aparecen preocupaciones alrededor del poder, la violencia, el consumo, el individualismo y el debilitamiento del bien común. Rojo cuestiona una cultura donde la apariencia de éxito y la satisfacción inmediata pueden terminar desplazando valores como la dignidad, la responsabilidad o la justicia.
De ese periodo surgen sus Ensayos de monstruos. Y quizá una de las ideas más interesantes de esta etapa sea precisamente dónde coloca a esas criaturas: no en escenarios fantásticos, sino entre edificios, plazas y ciudades reconocibles. En Ensayo de monstruos y La política y el monstruo, lo amenazante irrumpe en espacios cotidianos.
La metáfora es poco complaciente: el monstruo representa aquello que una sociedad puede terminar normalizando. Violencia, abuso, indiferencia, tiranía. Rojo se pregunta qué ocurre cuando la conveniencia sustituye a la moral y cuando convivimos tanto tiempo con aquello que debería horrorizarnos que termina perdiendo su capacidad de hacerlo.
Su pintura no pretende ser neutral. A veces el símbolo es frontal e incluso roza deliberadamente la alegoría, pero esa claridad también forma parte de su lenguaje: la imagen funciona como un espacio desde el cual tomar posición.
Después de mirar hacia afuera, en 2025 Rojo regresa al individuo. La artista describe ese momento como un retorno a los personajes después de los Ensayos de monstruos, concentrándose ahora en las expresiones capaces de revelar el estado emocional de una persona en un instante determinado.
Los monstruos ceden su lugar a los rostros.
Estudio de personaje, Delirio, Retrato de Karen con mascada, Juicio íntimo o Resonancia construyen una especie de cartografía emocional a partir de gestos, miradas y posturas. Si antes la pregunta estaba dirigida hacia la sociedad, ahora parece apuntar hacia aquello que ocurre cuando desaparece la pose.
Ese desplazamiento desemboca en su producción de 2026, donde el amor, el deseo y la vulnerabilidad ocupan el centro.
Rojo se pregunta qué hace a alguien digno de cuidado y plantea una diferencia sutil pero importante: quizá no buscamos únicamente aceptación, sino reconocimiento, la posibilidad de ser vistos por alguien capaz de comprender nuestra diferencia.
En Corazón en escena, el corazón aparece literalmente expuesto; mientras que en Alma y corazón en escena, Eco y Narciso la artista vuelve a recurrir al mito para hablar de los afectos contemporáneos.
Su Narciso ya no necesita inclinarse sobre el agua. El espejo es la mirada de los demás. Necesita sentirse deseado para reafirmar su identidad y, al mismo tiempo, se protege de la vulnerabilidad necesaria para conectar verdaderamente con alguien.
Ahí la mitología vuelve a encontrarse con nuestra vida cotidiana. En un presente obsesionado con la visibilidad, la pregunta adquiere otra dimensión: ¿cuánto de aquello que mostramos corresponde realmente a quienes somos y cuánto pertenece al personaje que hemos aprendido a representar para obtener atención, deseo o reconocimiento?
Vista en conjunto, la producción reciente de Karla Rojo mantiene un hilo reconocible. El Minotauro, el monstruo, el rostro, Narciso y el corazón pueden parecer personajes de universos distintos, pero todos conducen hacia la misma interrogante: qué somos cuando dejamos de escondernos detrás de aquello que representamos.
Rojo pinta desde ahí.
Desde la contradicción, la incomodidad, el deseo y la vulnerabilidad.
Desde aquello que corre por debajo de la superficie.