Hay ciudades que se visitan una vez y parecen quedar resueltas. San Miguel de Allende no es una de ellas. Cada regreso revela una capa distinta: una calle que no habías caminado, una mesa que no esperabas, una copa servida frente al paisaje, una galería que cambia la forma de mirar o un hotel que te recuerda que la hospitalidad también puede ser una forma de abrazo. Bajo esa idea nace GEMA, una plataforma que reúne gastronomía, enología, mixología y arte para mostrar una versión más amplia, contemporánea y sensorial de San Miguel.
La experiencia comenzó desde la mesa, porque en San Miguel casi todo termina —o empieza— alrededor de una buena conversación. En San Francisco Steakhouse, la noche se vivió desde el fuego, los cortes, el vino y esa elegancia cálida que no necesita sentirse distante. Ahí, la hospitalidad apareció en la forma de recibir, en las recomendaciones, en el ritmo de la cena y en esa manera tan propia de la ciudad de hacer que una comida se convierta en escena.
Agavia nos llevó hacia otra lectura de la cocina mexicana: más íntima, más conectada con la raíz y con una forma contemporánea de entender el producto. El menú se sintió como una conversación entre tradición y presente, mientras la barra acompañaba con bebidas pensadas para abrir la experiencia y no solo para llenar una copa. Hacintto, por su parte, mostró el lado nocturno y social de San Miguel: una cantina contemporánea donde la cocina, la mixología y el ambiente construyen una cena con carácter, de esas que se alargan porque nadie tiene prisa por irse.
Raíces fue quizá una de las experiencias más entrañables. Desde el recibimiento del socio, llegado desde su natal Culiacán con una sonrisa franca, hasta la chef apareciendo con un agua de aguacate inesperada y deliciosa, todo se sintió honesto. La mesa habló de resiliencia, de cariño y de una cocina mexicana que no solo alimenta, sino que consiente. Los chilaquiles rellenos de chicharrón, el agua de jamaica con canela, los panqués, el chocolate y cada platillo servido recordaron que el verdadero lujo también puede estar en una receta hecha con amor y en un equipo que atiende siempre con una sonrisa.
La ruta de hospitalidad abrió otra dimensión. En Hotel La Morada, estar a unos pasos de la Parroquia de San Miguel Arcángel transformó la estancia en una experiencia profundamente conectada con la ciudad. La nota de bienvenida con una pequeña botella de espirituoso, enviada de parte de la dueña, marcó ese tipo de detalle que define la hospitalidad de lujo: hacerte sentir esperado. A eso se sumó una meditación con sound healing que permitió pausar, respirar y soltar el ruido del viaje antes de continuar con la agenda.
Rosewood San Miguel de Allende mostró el lujo desde una escala más silenciosa y sofisticada. Sus jardines, amenidades y arquitectura construyen una versión de gran hacienda contemporánea, pero fue en Pirules Garden Kitchen donde la experiencia encontró su punto más sensorial. La cocina abierta, el fuego, los ingredientes y la forma en que el chef recrea sabores que van de lo familiar a lo elaborado convirtieron la cena en una narración. Amatte, en cambio, representó una visión más joven y estética del lujo: diseño, wellness, rooftop, gastronomía y una forma de vivir San Miguel desde la contemplación y el estilo de vida.
Después llegó el campo. La Santísima Trinidad nos recibió con un paisaje verde, amplio, privado, casi reservado para quienes entienden que el lujo también puede encontrarse en el silencio. Ahí, el vino convive con el aceite de oliva, el balsámico, la lavanda y una manera de aprovechar la tierra desde distintas expresiones. Ventanas de San Miguel mostró una experiencia más residencial y boutique: golf, casas, villas, hotel, privacidad y una forma de mirar la ciudad desde otro ritmo. Otomí Residencial llevó esa vida premium hacia el universo ecuestre, con desarrollos, hípico, marcas que creen en el espacio y eventos internacionales que proyectan a San Miguel mucho más allá de su postal turística.
El cierre natural llegó desde el arte, con Punto Actual como recordatorio de que San Miguel también se colecciona, se contempla y se piensa. La galería permitió cambiar el ritmo del viaje y entender que la creatividad de la ciudad no solo está en sus fachadas o en sus mesas, sino también en las piezas, los artistas y las conversaciones que nacen frente a una obra.
Al final, GEMA no se siente como una agenda de actividades, sino como una forma de volver a mirar San Miguel de Allende. Una invitación a entender que la ciudad no está agotada, que todavía tiene secretos, proyectos, sabores, paisajes y espacios capaces de sorprender tanto a quien llega por primera vez como a quien creía conocerla por completo.
GEMA, Gastronomía, Enología, Mixología y Arte, nace como una nueva plataforma internacional que reúne cocina, vino, coctelería, arte y hospitalidad para mostrar una visión contemporánea de San Miguel de Allende. Del 24 al 30 de agosto, su primera edición buscará posicionar a la ciudad como un destino premium para nuevas generaciones de viajeros y para quienes desean redescubrirla desde sus experiencias más sensoriales.
Del 21 de septiembre al 4 de octubre, la Ciudad de México se convierte en escenario de una celebración dedicada a la gastronomía española, sus vinos y la cultura que existe alrededor de la mesa. Bajo el concepto #SpainFoodNation, “Spain, a land of taste”, el festival invita a descubrir España a través de sus sabores, con experiencias especiales en restaurantes de la capital que van desde tapas y maridajes hasta menús diseñados especialmente para la ocasión.
Más que un encuentro gastronómico, la propuesta se presenta como una invitación a viajar a España sin salir de la ciudad. Durante dos semanas, distintos espacios gastronómicos incorporan a sus cartas productos, vinos y preparaciones que evocan diferentes regiones españolas, creando experiencias pensadas para disfrutar con calma, descubrir nuevos sabores y brindar alrededor de una buena mesa.
Entre los restaurantes participantes se encuentran Ajoblanco, Ekilore, Correo Mayor, Zeru San Ángel, Zeru Lomas y La Castellana, con propuestas que van desde experiencias de tapas y pintxos acompañadas de vinos españoles, hasta cenas de estilo maridaje y promociones especiales en vinos de distintas denominaciones de origen.
La experiencia continúa en lugares como La Mallorquina Bosques, La Mallorquina Polanco, Restaurante Emilio, Blanco Castelar, Blanco Colima, El Sella Lomas y Polanco, Castizo Condesa y Roma y Catorze, donde el menú se convierte en un recorrido por sabores españoles: fabada asturiana, arroz, tortilla, croquetas, embutidos, quesos, ensaladas mediterráneas y distintas etiquetas de vino forman parte de las propuestas especiales.
También participan Centro Castellano Centro Histórico, Torre de Castilla, Vega, Puerto Getaria, Mallorca Reforma y Lomas, Zagala, Socarrat y El Trujal, con menús, platillos especiales y experiencias que ponen particular atención en productos españoles como los mejillones en escabeche, jamón serrano, boletus, aceite de oliva virgen extra y vinos de diferentes regiones.
Un recorrido por España a través del vino
Uno de los grandes protagonistas de esta celebración es, sin duda, el vino. La programación propone distintos maridajes que permiten descubrir la diversidad vitivinícola española, desde Navarra y Castilla hasta Galicia, Cataluña, Rioja y otras regiones.
En La Barrica, por ejemplo, la experiencia propone un recorrido por cinco maridajes que reúnen sabores de Galicia, Navarra, Castilla, Cataluña y Barcelona, acompañados por vinos de diferentes zonas. Por su parte, Sed de la Buenapresenta una selección de vinos con Denominación de Origen Navarra de Castillo de Monjardín.
La propuesta se extiende hasta experiencias creadas especialmente para compartir. Asian Bay presenta maridajes diseñados por el chef Luis Chiu, con cocina asiática contemporánea acompañada de vinos; mientras que Bulla Condesa, Polanco y Reforma incorpora un platillo especial de inspiración española acompañado de una copa de cava.
En Na Tlali, la experiencia conecta la cocina mexicana con vinos españoles mediante tacos de cochinita y otros sabores, mientras que Gaudir propone cenas de seis tiempos para descubrir España desde su norte, con un menú que incluye tortilla de patata, gamba al ajillo, jamón de jabugo, paella valenciana, bacalao al pil-pil y otros clásicos de la gastronomía española.
Gastronomía, lifestyle y el placer de compartir
Lo interesante de #SpainFoodNation está precisamente en que la gastronomía no se plantea únicamente como comida, sino como una experiencia de estilo de vida. Una copa de vino, un menú cuidadosamente pensado, ingredientes de origen español y la posibilidad de descubrir nuevas combinaciones convierten cada visita en una pequeña escapada gastronómica.
La programación reúne restaurantes, chefs, vinos y productos alrededor de una misma idea: celebrar la riqueza de España desde la mesa. Desde una tarde de tapas hasta una cena de seis tiempos, cada propuesta permite acercarse a distintas regiones y tradiciones españolas a través de experiencias contemporáneas y pensadas para disfrutarse en la Ciudad de México.
Durante estas dos semanas, la invitación es sencilla: reservar una mesa, brindar con una copa de vino español y dejarse llevar por los sabores de un país cuya gastronomía también cuenta historias de territorio, tradición y cultura.
España está en la mesa. Y esta vez, la experiencia comienza en CDMX.
Durante mucho tiempo, hablar de salud significó reaccionar: atender una enfermedad, corregir un problema, recuperar lo que se había perdido. Hoy, esa idea comienza a cambiar.
Para el Dr. Vicente Alarcón, especialista en gastro cirugía y cirugía bariátrica, cuidar la salud también significa mirar hacia adelante. Después de más de dos décadas dedicadas a la cirugía digestiva, bariátrica y de mínima invasión, su práctica ha evolucionado hacia una visión más amplia del paciente: sus hábitos, su alimentación, el descanso, el entorno familiar y su bienestar emocional.
No se trata únicamente de cuánto tiempo vivimos, sino de cómo llegamos a esos años.
Una mirada que va más allá del quirófano
La experiencia quirúrgica le ha permitido conocer de cerca enfermedades que muchas veces se construyen lentamente, a partir de hábitos que se mantienen durante años. Por eso, su interés se ha desplazado cada vez más hacia la prevención.
“Tenemos que empezar a cuidar la salud antes de que aparezcan las complicaciones”, explica.
En esta visión, no existe una solución única. Una alimentación adecuada, movimiento, descanso y seguimiento médico forman parte de un mismo escenario. La salud deja de ser una serie de consultas aisladas y se convierte en algo que se construye todos los días.
Esta mirada integral también está presente en su formación actual. El Dr. Alarcón cursa una maestría en longevidad y envejecimiento en la Universidad de Barcelona, estudios que han reforzado su interés por la prevención y por una medicina enfocada en la calidad de vida.
El descanso también cuenta
En medio de agendas saturadas y jornadas que parecen no terminar, dormir bien suele ser de las primeras cosas que se sacrifican.
Pero el descanso forma parte de la ecuación.
Para el especialista, observar estos hábitos cotidianos permite entender al paciente de una manera distinta. No sólo importa lo que ocurre cuando llega al consultorio, sino también lo que sucede durante las horas y los días en los que está fuera de él.
Es ahí donde la prevención adquiere verdadero sentido.
La salud se construye en casa
Los cambios tampoco ocurren en solitario.
La familia tiene un peso importante en los hábitos que una persona desarrolla y mantiene. La alimentación, las rutinas y la manera de entender el cuidado personal suelen compartirse dentro del hogar. En el caso de la obesidad, por ejemplo, el especialista ha señalado la influencia que tienen tanto la genética como el entorno y las dinámicas familiares.
Por eso, cuando una persona decide cuidar su salud, muchas veces el cambio alcanza también a quienes la rodean.
Una nueva forma de entender la longevidad
La medicina puede tratar una enfermedad. La prevención busca evitar que llegue a convertirse en un problema mayor.
Esa diferencia está en el centro del trabajo que actualmente desarrolla el Dr. Alarcón, quien proyecta una clínica de longevidad con una premisa sencilla: prevenir antes, educar mejor y acompañar a las personas para que puedan vivir más años, pero, sobre todo, vivirlos mejor.
Porque quizá el verdadero significado de la longevidad no está en sumar años a la vida, sino en conservar durante más tiempo aquello que hace que esos años valgan la pena.
Debido a que las redes sociales han convertido las técnicas de cirugía facial en términos cotidianos, el Dr. Alberto O’Farrill propone mirar el rostro desde otro lugar: entender su estructura antes de decidir cómo transformarla. De esta visión nace Facial Architecture, un concepto que busca poner el diagnóstico, la proporción y la identidad en el centro de la cirugía facial.
Hoy, un paciente puede llegar al consultorio hablando de deep plane facelift, blefaroplastia, lip lift o transferencia de grasa. La información está al alcance de todos, pero conocer una técnica no necesariamente significa saber cuál necesita un rostro.
Para O’Farrill, el punto de partida es otro: observar.
¿Cómo ha cambiado ese rostro? ¿Qué debe recuperarse? ¿Qué funciona todavía? Y, sobre todo, ¿qué lo hace reconocible?
De ahí surge su concepto de El Arquitecto Facial: una manera de entender el rejuvenecimiento a partir de la estructura completa del rostro y no de un procedimiento aislado.
La cirugía que empieza antes del quirófano
El envejecimiento no sucede únicamente en la piel. Cambian los tejidos, los volúmenes, el soporte y las proporciones que durante años dieron forma al rostro.
Por eso, corregir una sola zona puede no ser suficiente para recuperar la armonía.
“La cirugía tiene que responder al rostro, no el rostro a una técnica.”
Esta premisa cambia la conversación. Antes de decidir qué hacer, está la tarea de entender qué cambió y qué vale la pena conservar.
Porque un rostro puede rejuvenecer sin dejar de parecerse a sí mismo.
El verdadero lujo: que no se note
Durante años, la cirugía estética estuvo asociada a transformaciones evidentes. Hoy comienza a ganar terreno otra idea: resultados que no anuncian que hubo una intervención.
Para O’Farrill, la sofisticación está precisamente ahí.
“Uno de los mejores resultados es cuando las personas perciben que el paciente se ve mejor, pero no consiguen identificar exactamente qué cambió.”
La naturalidad no significa hacer menos. Significa saber hasta dónde llegar.
El objetivo no es borrar las características que hacen único a un paciente, sino recuperar proporción, estructura y frescura sin convertir la cirugía en el rasgo principal de su rostro.
El nuevo lujo es verse mejor sin parecer operado.
La técnica es el instrumento
El deep plane facelift se ha convertido en una de las técnicas más comentadas del rejuvenecimiento facial. Sin embargo, O’Farrill evita convertir cualquier procedimiento en una fórmula universal.
“El deep plane es una herramienta extraordinaria, pero no debería convertirse en una religión.”
La técnica, explica, debe estar al servicio del diagnóstico. Lo mismo ocurre con el lifting cervical, la blefaroplastia, la transferencia de grasa o cualquier otra herramienta quirúrgica.
La diferencia está en saber cuándo utilizarla, con quién y hasta dónde llevarla.
En su visión, la fórmula es sencilla:
La técnica es el instrumento. La arquitectura es el método.
Preservar antes que transformar
Su propuesta puede resumirse en cuatro acciones: preservar, reposicionar, restaurar y regenerar.
Preservar aquello que pertenece a la identidad. Reposicionar las estructuras que han cambiado con el tiempo. Restaurar soporte y volumen. Y, cuando existe una indicación adecuada, recurrir a estrategias regenerativas para mejorar la calidad de los tejidos.
La intención es construir una cirugía más personalizada, donde diferentes herramientas respondan a un mismo objetivo: recuperar la armonía sin uniformar los rostros.
Porque no existe un rostro estándar.
De sobrenombre a metodología
Facial Architecture representa también una apuesta por convertir una filosofía de trabajo en una metodología propia.
Para que una idea trascienda el terreno de la marca, necesita poder explicarse, documentarse, medirse y evolucionar. El análisis tridimensional, la fotografía estandarizada y las nuevas herramientas digitales pueden aportar información cada vez más precisa.
Pero hay algo que ninguna tecnología puede decidir.
“La tecnología puede ayudarme a conocer mejor a una persona, pero no puede decidir cuál es el rostro correcto.”
Para O’Farrill, la información debe servir para entender mejor las diferencias de cada paciente, no para llevarlos hacia un mismo ideal.
Al final, la cirugía facial también es una cuestión de criterio.
Modificar lo necesario. Preservar lo esencial. Y conseguir que el resultado se sienta propio.
Nota médica: Este contenido es editorial y no sustituye una valoración médica individual. La indicación de cualquier procedimiento debe establecerse después de una consulta con un cirujano plástico certificado y realizarse en instalaciones adecuadas.