Sobrevivir durante décadas es un logro. Conseguir que una empresa familiar atraviese varias generaciones, transforme su modelo de negocio y continúe siendo relevante es algo bastante más complejo.
El reciente encuentro entre Bodegas Alianza y Torres Brandy en Ciudad de México ofrece un buen ejemplo.
El 3 de septiembre, Bodegas Alianza celebró 77 años en su terraza de Prado Norte. Para acompañar el aniversario, Torres Brandy presentó una edición conmemorativa de Torres 10 de un litro. Detrás del lanzamiento existe una coincidencia empresarial particularmente interesante: Bodegas Alianza suma cuatro generaciones, mientras Familia Torres ha construido su historia alrededor de cinco.
Vista desde negocios, la celebración habla de algo más profundo que longevidad: sucesión, adaptación y capacidad para convertir el legado en una ventaja competitiva.
La historia de Familia Torres comenzó formalmente en 1870, cuando Jaime y Miguel Torres Vendrell establecieron la bodega en Vilafranca del Penedès. La segunda generación abrió una nueva línea de negocio cuando Juan Torres Casals comenzó a elaborar brandy en 1928. La tercera tuvo que reconstruir las instalaciones después de los bombardeos de 1939. La cuarta aceleró internacionalización e innovación, mientras la quinta ha incorporado sostenibilidad, investigación y recuperación de variedades históricas a la estrategia de la compañía.
No es simplemente continuidad familiar. Cada generación ha agregado una capacidad.
Ahí existe una diferencia fundamental entre heredar una empresa y continuar construyéndola.
Actualmente Miguel Torres Maczassek ocupa la dirección general y Mireia Torres Maczassek dirige Innovación y Conocimiento. Ambos representan la quinta generación y asumieron responsabilidades directivas a partir de 2012, manteniendo a dos generaciones involucradas en el rumbo del negocio.
Bodegas Alianza presenta una evolución distinta, pero comparte el principio.
La compañía nació a partir de pequeños comercios de abarrotes en la Ciudad de México. Una generación posterior detectó una oportunidad en los vinos y licores y fue concentrando el negocio alrededor de esa categoría. Para su cuarta generación, representada entre otros miembros por José Manuel Gascón, conocer tiendas, almacenes y clientes continúa siendo parte de la formación dentro de la empresa.
Existe una enseñanza empresarial detrás de ello: la sucesión funciona mejor cuando la nueva generación entiende primero el negocio que pretende transformar.
La tecnología es otro ejemplo. La propia familia Alianza ha hablado de la función de las generaciones jóvenes para acercar a las anteriores a nuevos contextos tecnológicos. No significa desechar lo que funcionó durante décadas, sino agregar nuevas herramientas a una cultura empresarial previamente construida.
Por eso la alianza entre ambas compañías tiene una lectura que rebasa el sector de bebidas.
Las empresas familiares suelen enfrentarse a una tensión permanente: preservar aquello que les dio identidad y, al mismo tiempo, evitar que esa identidad se convierta en resistencia al cambio. Torres ha respondido incorporando internacionalización, investigación y sostenibilidad. Bodegas Alianza lo ha hecho ampliando canales, categorías y experiencias alrededor del consumidor.
En medio de esa conversación aparece Torres 10.
El brandy comenzó a comercializarse en 1946, por lo que también llega a 2026 con ocho décadas de presencia. Es un producto heredado de otra época que ha cambiado presentación, comunicación y ocasiones de consumo sin abandonar el activo más difícil de construir para cualquier marca: reconocimiento.
Eso explica por qué la botella conmemorativa presentada en Prado Norte funciona como una buena metáfora empresarial.
El líquido conserva una historia; el empaque marca un momento nuevo.
Para empresas que han conseguido atravesar cuatro y cinco generaciones, respectivamente, el verdadero valor del apellido no está en repetir lo que hicieron sus fundadores. Está en construir organizaciones capaces de permitir que cada generación deje algo nuevo sin borrar lo anterior.
Los 77 años de Bodegas Alianza fueron la razón del brindis. Pero la conversación más interesante de aquella noche fue otra: cómo conseguir que una empresa familiar siga teniendo futuro después de haber construido un gran pasado.
Para The Front, este último enfoque me parece bastante más fuerte que hacer otra nota tradicional del aniversario: lo convierte en una historia de family business, sucesión, longevidad de marca y transformación empresarial, mientras Gourmetique conserva el lado emocional, histórico y sensorial.
Durante mucho tiempo, hablar de salud significó reaccionar: atender una enfermedad, corregir un problema, recuperar lo que se había perdido. Hoy, esa idea comienza a cambiar.
Para el Dr. Vicente Alarcón, especialista en gastro cirugía y cirugía bariátrica, cuidar la salud también significa mirar hacia adelante. Después de más de dos décadas dedicadas a la cirugía digestiva, bariátrica y de mínima invasión, su práctica ha evolucionado hacia una visión más amplia del paciente: sus hábitos, su alimentación, el descanso, el entorno familiar y su bienestar emocional.
No se trata únicamente de cuánto tiempo vivimos, sino de cómo llegamos a esos años.
Una mirada que va más allá del quirófano
La experiencia quirúrgica le ha permitido conocer de cerca enfermedades que muchas veces se construyen lentamente, a partir de hábitos que se mantienen durante años. Por eso, su interés se ha desplazado cada vez más hacia la prevención.
“Tenemos que empezar a cuidar la salud antes de que aparezcan las complicaciones”, explica.
En esta visión, no existe una solución única. Una alimentación adecuada, movimiento, descanso y seguimiento médico forman parte de un mismo escenario. La salud deja de ser una serie de consultas aisladas y se convierte en algo que se construye todos los días.
Esta mirada integral también está presente en su formación actual. El Dr. Alarcón cursa una maestría en longevidad y envejecimiento en la Universidad de Barcelona, estudios que han reforzado su interés por la prevención y por una medicina enfocada en la calidad de vida.
El descanso también cuenta
En medio de agendas saturadas y jornadas que parecen no terminar, dormir bien suele ser de las primeras cosas que se sacrifican.
Pero el descanso forma parte de la ecuación.
Para el especialista, observar estos hábitos cotidianos permite entender al paciente de una manera distinta. No sólo importa lo que ocurre cuando llega al consultorio, sino también lo que sucede durante las horas y los días en los que está fuera de él.
Es ahí donde la prevención adquiere verdadero sentido.
La salud se construye en casa
Los cambios tampoco ocurren en solitario.
La familia tiene un peso importante en los hábitos que una persona desarrolla y mantiene. La alimentación, las rutinas y la manera de entender el cuidado personal suelen compartirse dentro del hogar. En el caso de la obesidad, por ejemplo, el especialista ha señalado la influencia que tienen tanto la genética como el entorno y las dinámicas familiares.
Por eso, cuando una persona decide cuidar su salud, muchas veces el cambio alcanza también a quienes la rodean.
Una nueva forma de entender la longevidad
La medicina puede tratar una enfermedad. La prevención busca evitar que llegue a convertirse en un problema mayor.
Esa diferencia está en el centro del trabajo que actualmente desarrolla el Dr. Alarcón, quien proyecta una clínica de longevidad con una premisa sencilla: prevenir antes, educar mejor y acompañar a las personas para que puedan vivir más años, pero, sobre todo, vivirlos mejor.
Porque quizá el verdadero significado de la longevidad no está en sumar años a la vida, sino en conservar durante más tiempo aquello que hace que esos años valgan la pena.
Debido a que las redes sociales han convertido las técnicas de cirugía facial en términos cotidianos, el Dr. Alberto O’Farrill propone mirar el rostro desde otro lugar: entender su estructura antes de decidir cómo transformarla. De esta visión nace Facial Architecture, un concepto que busca poner el diagnóstico, la proporción y la identidad en el centro de la cirugía facial.
Hoy, un paciente puede llegar al consultorio hablando de deep plane facelift, blefaroplastia, lip lift o transferencia de grasa. La información está al alcance de todos, pero conocer una técnica no necesariamente significa saber cuál necesita un rostro.
Para O’Farrill, el punto de partida es otro: observar.
¿Cómo ha cambiado ese rostro? ¿Qué debe recuperarse? ¿Qué funciona todavía? Y, sobre todo, ¿qué lo hace reconocible?
De ahí surge su concepto de El Arquitecto Facial: una manera de entender el rejuvenecimiento a partir de la estructura completa del rostro y no de un procedimiento aislado.
La cirugía que empieza antes del quirófano
El envejecimiento no sucede únicamente en la piel. Cambian los tejidos, los volúmenes, el soporte y las proporciones que durante años dieron forma al rostro.
Por eso, corregir una sola zona puede no ser suficiente para recuperar la armonía.
“La cirugía tiene que responder al rostro, no el rostro a una técnica.”
Esta premisa cambia la conversación. Antes de decidir qué hacer, está la tarea de entender qué cambió y qué vale la pena conservar.
Porque un rostro puede rejuvenecer sin dejar de parecerse a sí mismo.
El verdadero lujo: que no se note
Durante años, la cirugía estética estuvo asociada a transformaciones evidentes. Hoy comienza a ganar terreno otra idea: resultados que no anuncian que hubo una intervención.
Para O’Farrill, la sofisticación está precisamente ahí.
“Uno de los mejores resultados es cuando las personas perciben que el paciente se ve mejor, pero no consiguen identificar exactamente qué cambió.”
La naturalidad no significa hacer menos. Significa saber hasta dónde llegar.
El objetivo no es borrar las características que hacen único a un paciente, sino recuperar proporción, estructura y frescura sin convertir la cirugía en el rasgo principal de su rostro.
El nuevo lujo es verse mejor sin parecer operado.
La técnica es el instrumento
El deep plane facelift se ha convertido en una de las técnicas más comentadas del rejuvenecimiento facial. Sin embargo, O’Farrill evita convertir cualquier procedimiento en una fórmula universal.
“El deep plane es una herramienta extraordinaria, pero no debería convertirse en una religión.”
La técnica, explica, debe estar al servicio del diagnóstico. Lo mismo ocurre con el lifting cervical, la blefaroplastia, la transferencia de grasa o cualquier otra herramienta quirúrgica.
La diferencia está en saber cuándo utilizarla, con quién y hasta dónde llevarla.
En su visión, la fórmula es sencilla:
La técnica es el instrumento. La arquitectura es el método.
Preservar antes que transformar
Su propuesta puede resumirse en cuatro acciones: preservar, reposicionar, restaurar y regenerar.
Preservar aquello que pertenece a la identidad. Reposicionar las estructuras que han cambiado con el tiempo. Restaurar soporte y volumen. Y, cuando existe una indicación adecuada, recurrir a estrategias regenerativas para mejorar la calidad de los tejidos.
La intención es construir una cirugía más personalizada, donde diferentes herramientas respondan a un mismo objetivo: recuperar la armonía sin uniformar los rostros.
Porque no existe un rostro estándar.
De sobrenombre a metodología
Facial Architecture representa también una apuesta por convertir una filosofía de trabajo en una metodología propia.
Para que una idea trascienda el terreno de la marca, necesita poder explicarse, documentarse, medirse y evolucionar. El análisis tridimensional, la fotografía estandarizada y las nuevas herramientas digitales pueden aportar información cada vez más precisa.
Pero hay algo que ninguna tecnología puede decidir.
“La tecnología puede ayudarme a conocer mejor a una persona, pero no puede decidir cuál es el rostro correcto.”
Para O’Farrill, la información debe servir para entender mejor las diferencias de cada paciente, no para llevarlos hacia un mismo ideal.
Al final, la cirugía facial también es una cuestión de criterio.
Modificar lo necesario. Preservar lo esencial. Y conseguir que el resultado se sienta propio.
Nota médica: Este contenido es editorial y no sustituye una valoración médica individual. La indicación de cualquier procedimiento debe establecerse después de una consulta con un cirujano plástico certificado y realizarse en instalaciones adecuadas.
Una nueva conversación sobre cirugía facial: menos obsesión por borrar líneas y más precisión para recuperar posición, proporción, movimiento y expresión.
El nuevo lujo en cirugía facial ya no consiste en borrar cada línea ni en tensar un rostro hasta hacerlo irreconocible. Consiste en algo mucho más sofisticado: conseguir que una persona se vea descansada, fresca y abierta sin que nadie pueda identificar exactamente qué cambió.
Para el Dr. Fernando Cravioto, esta transformación comienza en una zona que durante mucho tiempo fue subestimada: el tercio superior del rostro.
Hay un momento en el que la cara empieza a comunicar algo distinto de lo que sentimos. No necesariamente parece vieja. Parece cansada.
La ceja desciende unos milímetros. El párpado comienza a sentirse más pesado. Las líneas de la frente se hacen más visibles. El entrecejo adquiere tensión y la mirada pierde, poco a poco, la apertura que tenía años atrás.
Durante décadas, la respuesta fue sencilla: borrar la arruga.
Hoy la conversación es otra.
La edad no sólo se dibuja sobre la piel. También se refleja en la posición de la ceja, la proporción de la frente, el volumen, el movimiento y la relación entre las distintas estructuras del rostro.
BROW LIFT IS BACK
Después de años en los que los neuromoduladores dominaron la conversación sobre la frente, el brow lift vuelve a ocupar un lugar relevante en la cirugía facial.
Pero no se trata de levantar por levantar.
Para Cravioto, una arruga puede ser sólo la parte visible de algo que sucede más profundamente.
“Una arruga no siempre es el problema. A veces es la consecuencia visible de algo que está ocurriendo más profundamente: la posición de la ceja, la dinámica muscular, la calidad de los tejidos o la proporción de la frente.”
La frontoplastía o brow lift busca rejuvenecer el tercio superior facial entendiendo la relación entre frente, cejas, párpados y sienes.
Porque la frente no existe por separado. La ceja tampoco. Y una mirada cansada no siempre se resuelve tratando únicamente el párpado.
THE UPPER THIRD RESET
Cravioto propone entender esta evolución bajo una idea: The Upper Third Reset.
No se trata de crear cejas artificialmente altas ni de borrar cada línea de expresión. Se trata de recuperar el equilibrio de una zona que puede cambiar por completo la percepción de un rostro.
“Yo no quiero que una persona pierda su expresión. Quiero devolverle a su expresión la posición correcta.”
La diferencia entre lift y reset está precisamente ahí.
El lift habla de elevar. El reset habla de reposicionar, equilibrar y devolver coherencia.
Una intervención bien planeada no busca que el rostro parezca operado. Busca que la mirada se vea más abierta, la frente más relajada y la expresión vuelva a estar alineada con la energía de la persona.
Ése es el nuevo lujo: una transformación que se percibe, pero no se descubre.
THE INVISIBLE INTERVENTION
Durante años, el éxito de una cirugía estética podía medirse por la magnitud del cambio.
Hoy puede ocurrir exactamente lo contrario.
El resultado más sofisticado es aquel en el que nadie pregunta qué te hiciste, pero sí nota que algo cambió.
Menos cansancio. Una mirada más limpia. Mejor relación entre ceja y párpado. Una frente que conserva movimiento.
No una cara diferente.
La misma cara, mejor leída.
“La cirugía facial de lujo no debería anunciarse. Debería sentirse.”
Las técnicas contemporáneas permiten reposicionamientos más selectivos y, en pacientes adecuadamente elegidos, abordajes más discretos. Pero existe una condición que permanece por encima de cualquier técnica:
no todos los rostros necesitan lo mismo.
Ahí comienza realmente el expertise.
THE FACE DOESN’T AGE IN PIECES
Uno de los errores históricos de la estética ha sido dividir el rostro según el procedimiento disponible.
Arruga: toxina.
Párpado: blefaroplastia.
Ceja: brow lift.
Mandíbula: facelift.
Para Cravioto, el proceso debe comenzar exactamente al revés.
Primero se lee el rostro. Después se decide la técnica.
Su experiencia en frontoplastía, ritidoplastía y rinoplastía le permite observar las distintas estructuras faciales como partes de una misma arquitectura visual.
Modificar el tercio inferior sin evaluar el superior puede generar discordancia. Tratar los párpados sin estudiar la posición de la ceja puede dejar sin resolver una parte importante del envejecimiento alrededor de los ojos.
No significa que todos necesiten una frontoplastía.
Significa algo mucho más sencillo:
la ceja importa.
THE NEW REFRESH
La conversación sobre anti-aging también está cambiando.
Los pacientes de hoy no necesariamente buscan regresar a los 25 años. Buscan verse extraordinarios a los 40, 50 o 60.
Quieren un refresh, no un reemplazo.
Despertar una mirada sin transformarla. Recuperar proporción. Suavizar determinados signos de tensión. Restaurar la relación entre frente, ceja y ojos.
Y, sobre todo, conservar movimiento.
“Envejecer bien no significa no tener líneas. Significa que la arquitectura del rostro siga teniendo coherencia.”
Quizá ésa sea la nueva frontera del rejuvenecimiento facial: no eliminar obsesivamente los signos de haber vivido, sino devolverle al rostro la posición y frescura que corresponden a la persona que lo habita.
Fernando Cravioto lo llama:
EL RESET DEL TERCIO SUPERIOR.
Because sometimes the most powerful facelift doesn’t begin with the jawline. It begins with the way you look at the world.
Nota médica: Este contenido es editorial y no sustituye una valoración médica individual. La indicación de cualquier procedimiento debe establecerse después de una consulta con un cirujano plástico certificado y realizarse en instalaciones adecuadas.