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Los cinco errores que cometen los mexicanos al comprar su primer Bitcoin.

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Por qué la autocustodia, la seguridad digital y la estrategia patrimonial están redefiniendo la relación con el dinero en México

By: Lui Elizondo

El crecimiento en la adopción de Bitcoin en México ya no es una tendencia de nicho. Es una respuesta directa a un entorno económico marcado por la inflación, la digitalización de los pagos, la globalización del talento y una creciente desconfianza en los modelos financieros tradicionales.

Sin embargo, el primer contacto con este nuevo sistema monetario suele estar acompañado de una serie de errores que no solo afectan la experiencia del usuario, sino que evidencian un fenómeno más profundo: la falta de educación financiera estructural en torno al control del dinero.

Comprar Bitcoin es sencillo. Entender su lógica financiera es el verdadero cambio de paradigma.

Estos son los cinco errores más comunes que cometen los mexicanos al adquirir su primer Bitcoin y lo que estos revelan sobre el futuro del sistema financiero personal.

1. Confundir acceso con propiedad: dejar los fondos en exchanges custodiales

El error más frecuente es también el más significativo desde una perspectiva patrimonial: pensar que comprar Bitcoin en un exchange equivale a poseerlo.

Las plataformas de compraventa cumplen una función operativa —facilitan la entrada al mercado—, pero no están diseñadas para resguardar capital a largo plazo. En términos de soberanía financiera, mantener los fondos en un sistema custodial reproduce el mismo modelo bancario tradicional que Bitcoin busca redefinir.

En otras palabras: el usuario sigue siendo cliente, no propietario.

La autocustodia no es un tecnicismo. Es el cambio estructural en la relación con el dinero.

2. Buscar rendimientos en lugar de construir patrimonio

Uno de los reflejos más comunes del inversor tradicional es intentar replicar los modelos de rendimiento del sistema financiero convencional.

En el ecosistema Bitcoin, esto se traduce en la búsqueda de:

  • intereses fijos
  • plataformas que “multiplican” el capital
  • esquemas de staking disfrazados

Bitcoin no fue diseñado para generar rendimientos. Fue diseñado para preservar valor.

La diferencia es fundamental.

La caída de múltiples empresas que ofrecían ganancias aseguradas en el sector cripto ha dejado una lección clara: cuando el usuario cede la custodia de sus activos a cambio de un rendimiento, está asumiendo un riesgo sistémico.

En términos de salud financiera, el ahorro sólido supera a la rentabilidad prometida.

3. Operar sin entender las comisiones de la red

Otro de los errores más comunes es la falta de comprensión sobre cómo funcionan las fees en Bitcoin.

Esto provoca:

  • mover capital en momentos de alta congestión
  • pagar costos innecesarios
  • fragmentar el ahorro en transacciones poco eficientes

En un sistema donde el usuario es su propio banco, entender la estructura de costos es parte de la gestión patrimonial.

Las soluciones de segunda capa como Lightning han abierto la puerta a transacciones instantáneas y de bajo costo, pero su adopción requiere conocimiento.

La eficiencia financiera en Bitcoin no depende del mercado. Depende del usuario.

4. Subestimar la seguridad digital

En el sistema financiero tradicional, la seguridad es responsabilidad del banco.
En Bitcoin, es responsabilidad del individuo.

Este cambio introduce una nueva dimensión en la educación financiera:

  • resguardo de frases semilla
  • autenticación de múltiples factores
  • almacenamiento en frío
  • prevención de ataques de ingeniería social

Lejos de ser una barrera de entrada, este proceso representa una evolución: por primera vez, el usuario tiene control total sobre su patrimonio sin intermediarios.

La seguridad deja de ser un servicio y se convierte en una competencia financiera.

5. Entrar por tendencia y no por estrategia

El fenómeno del FOMO —fear of missing out— sigue siendo uno de los principales detonantes de compra.

Esto se traduce en:

  • decisiones basadas en el precio
  • compras en máximos históricos
  • ventas impulsivas en correcciones

Bitcoin no es una operación de corto plazo. Es una herramienta de planificación financiera de largo alcance.

Integrarlo a una estrategia implica definir:

  • porcentaje del portafolio
  • horizonte temporal
  • objetivo patrimonial

Sin esa estructura, el usuario permanece en la lógica especulativa del sistema que pretende abandonar.

Bitcoin y la redefinición de la educación financiera en México

Más allá del activo, el impacto real de Bitcoin en el país es pedagógico.

Está obligando a los usuarios a aprender conceptos que durante décadas fueron delegados a instituciones:

  • custodia del dinero
  • costos de operación
  • gestión de riesgo
  • soberanía patrimonial

Este proceso marca el inicio de una nueva etapa en la educación financiera en México, donde el individuo deja de ser únicamente consumidor de servicios bancarios para convertirse en administrador activo de su capital.

Del error al criterio financiero

Evitar estos errores no es solo una cuestión técnica. Es un cambio de mentalidad.

El usuario que comprende Bitcoin como infraestructura financiera —y no como instrumento especulativo— accede a herramientas que permiten:

  • proteger valor frente a la inflación
  • operar globalmente sin fricciones
  • construir ahorro digital
  • reducir dependencia de intermediarios

En un país donde la inclusión financiera sigue siendo un desafío, este conocimiento representa una ventaja competitiva.

Porque el verdadero impacto de Bitcoin en México no está en el precio.

Está en la transformación de la relación entre las personas y su dinero.

https://www.instagram.com/barefoot_robot

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Efraín Mendicuti y el poder de elegir.

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Liderazgo, proposito y alto rendimiento.

Hay trayectorias profesionales que pueden resumirse con cargos, empresas y años. La de Efraín Mendicuti necesita algo más de contexto. Disney, Google, Twitter, TikTok y Pinterest aparecen en su currículum, sí, pero quizá lo más interesante no está únicamente en haber pasado por algunas de las compañías que ayudaron a transformar la comunicación, la tecnología y la publicidad, sino en haber participado justo cuando muchas de ellas estaban construyendo sus operaciones en México.

“En Google me tocó ser el 16, en Twitter el 3, en TikTok el primero”, recuerda en conversación con The Front.

La frase podría quedarse como una buena anécdota corporativa. Sin embargo, explica bastante bien su perfil: Mendicuti parece sentirse cómodo cuando todavía no existe un manual y hay que construir estructura, cultura, estrategia y equipo prácticamente desde cero.

Su carrera comenzó mucho antes de las redes sociales. En 1995 trabajaba haciendo máscaras de serigrafía para empaques y etiquetas, antes de incorporarse al mundo de las agencias, el marketing directo y posteriormente a los primeros ejercicios de marketing digital en México. Lo que vino después coincidió con varias etapas importantes de transformación de la industria.

Pero hoy la conversación alrededor de Efraín es diferente. Ya no se trata solamente de qué plataforma ayudó a abrir o qué puesto ocupó. Su nuevo territorio está en liderazgo, desarrollo ejecutivo, cultura organizacional y toma de decisiones.

Y todo comienza con una idea bastante incómoda para una época obsesionada con la productividad:

Hacer más no necesariamente significa lograr más.

Tres cosas. No veinte.

Su libro Los GRANDES 3 parte precisamente de ahí.

La metodología comenzó a tomar forma en 2015, mientras trabajaba en Twitter. Como sucede en muchísimas organizaciones, desde las oficinas globales llegaban listas con 15 o 20 objetivos que debían ejecutarse simultáneamente.

El problema no era falta de talento. Era falta de foco.

Mendicuti comenzó entonces a trabajar con una lógica que terminaría reduciendo todas esas prioridades a tres grandes objetivos. La metodología posteriormente se trasladó también a su gestión en TikTok, donde su equipo debía tener claridad sobre tres grandes frentes: talento, negocio y relevancia dentro de la industria.

Su forma de explicarlo es mucho más sencilla:

“Puedes hacer todo lo que quieras. Nada más no lo puedes hacer todo el mismo tiempo.”

Y quizá ahí está una de las razones por las que su discurso funciona. No busca convertir liderazgo en una colección de palabras sofisticadas. Habla de ejecución.

Para él, saber priorizar implica también aceptar algo que a muchos ejecutivos todavía les cuesta bastante: decir que no.

“Priorizar significa decir no a cosas que nos gustarían, para privilegiar aquellas acciones que en verdad nos moverán hacia nuestras metas.”

¿La reunión que realmente mueve el proyecto o la cena donde puedes tomarte la fotografía correcta? ¿El puesto que alimenta el ego o la posición que te acerca verdaderamente a la vida que quieres construir?

Para Mendicuti, una decisión profesional debería responder siempre una pregunta: ¿esto me acerca o me aleja de donde quiero estar?

El líder que no necesita tener todas las respuestas

Otra de las ideas más interesantes de su filosofía rompe con una figura todavía bastante común dentro de las organizaciones: el jefe que cree que debe saberlo todo.

Para Efraín ocurre prácticamente lo contrario.

“Los mejores líderes somos los primeros en admitir que no sabemos lo que no sabemos y que necesitamos rodearnos de personas que nos lo puedan enseñar.”

Cuando habla del equipo que construyó en TikTok lo explica sin demasiadas vueltas: sus vendedores eran mejores vendedores que él.

Y justamente ése era el punto.

Un buen líder no debería contratar personas para demostrar que sabe más que ellas, sino encontrar gente capaz de elevar el nivel completo de la organización.

A eso se suma otro elemento que Mendicuti considera indispensable: la preparación continua.

Actualmente estudia un máster relacionado con neurociencia y alto desempeño y mantiene una rutina constante de lectura y aprendizaje. Su postura frente al desarrollo profesional es clara.

“La pregunta no es qué tan bueno eres hoy, sino qué tan preparado estás para hacer mejor aún mañana.”

La empresa, explica, tiene la responsabilidad de entrenarte para desempeñar correctamente el trabajo para el que te contrató. Prepararte para el siguiente puesto ya es responsabilidad tuya.

Una diferencia pequeña en apariencia, pero enorme cuando hablamos de carrera profesional.

De la simpatía a la compasión

Quizá uno de los conceptos más interesantes de la conversación aparece cuando Mendicuti habla de los distintos niveles de liderazgo.

El primero es la simpatía: el jefe que busca caer bien.

El segundo es la empatía: entender qué está viviendo la otra persona.

Pero él propone un tercero: la compasión.

“La empatía te ayuda a entender lo que la otra persona está sintiendo. La compasión te lleva a hacer algo por esa persona.”

No significa resolverle la vida a todo el equipo. Significa involucrarse en encontrar caminos, generar herramientas y acompañar la solución.

Ahí su visión de liderazgo se vuelve particularmente relevante: resultados y humanidad no tendrían por qué vivir en lados opuestos de la mesa.

Lo que sigue después del corporativo

Hoy Mendicuti está concentrado en una etapa distinta. Su trabajo gira alrededor del coaching ejecutivo, las conferencias, talleres y programas de desarrollo enfocados tanto en individuos como en organizaciones.

Su metodología comienza identificando propósito, capacidades, intereses y prioridades. Incluso utiliza una analogía bastante particular: el “baticinturón virtual”, ese conjunto de experiencias, aprendizajes, libros y competencias que cada persona ha acumulado a lo largo de su vida profesional.

La pregunta entonces deja de ser únicamente “¿qué sabes hacer?” para convertirse en “¿para quién puedes poner eso al servicio y qué tipo de vida quieres construir con ello?”.

Paralelamente, Los GRANDES 3 continúa creciendo. Mendicuti confirmó durante nuestra conversación que trabaja en la versión en inglés, el audiolibro y un segundo libro, además de expandir las distintas líneas de su firma enfocadas en liderazgo y cultura.

Después de una carrera construyendo negocios para algunas de las compañías más influyentes de las últimas décadas, su proyecto actual parece tomar todo ese aprendizaje y convertirlo en algo más personal.

Porque después de tantos años hablando de alcance, crecimiento, audiencias, resultados y market share, su conversación hoy gira alrededor de algo bastante más básico:

tener claridad suficiente para saber qué queremos construir y el marco correcto para dejar fuera todo aquello que no nos lleva hasta ahí.

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EL ALCALDE QUE SE APROPIÓ DEL RELOJ.

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Por: Kary Fernández

Rudolph Giuliani no necesitó inventar un milagro, a él le bastó con llegar cuando los números empezaban a simularlo. Asumió como alcalde de Nueva York en enero de 1994 y convirtió la seguridad en el centro de su identidad política. Genio!

Los resultados fueron espectaculares, tipo que para el primer semestre de 1998, la ciudad reportaba 49.3% menos delitos graves y 69.3% menos homicidios que en el mismo periodo de 1993. Después, su campaña presidencial presumiría que entre 1993 y 2001 el índice delictivo del FBI había caído 56% en Nueva York, frente a 16% en todo Estados Unidos. El comunicado se titulaba “Rudy Giuliani: combatiente del crimen”. Una estadística ya se había convertido en biografía.

Su marca sobrevivió al cargo y en 2002 fundó Giuliani Partners, una consultora de seguridad, además el relato no solamente ganó elecciones; también encontró clientes fuera de Estados Unidos.

Entonces Freakonomics hizo la pregunta que sacudió al ex alcalde y a su reputación: cuánto de aquella caída pertenecía al hombre que aparecía frente a las cámaras. Técnicamente, no era un estudio macroeconómico, sino un análisis econométrico de cohortes, estados y rezagos.

John Donohue y Steven Levitt observaron que el delito estadounidense comenzó a descender aproximadamente dieciocho años después de la legalización del aborto. Los estados que lo permitieron desde 1970 registraron caídas antes que los alcanzados por Roe v. Wade en 1973; además, aquellos con tasas de aborto más altas experimentaron reducciones mayores durante los años noventa. Su estudio de 2001 calculó que la legalización podía explicar hasta 50% del descenso reciente. Plop!

La hipótesis tampoco decía que “los niños dejaron de delinquir porque no nacieron” pero proponía que la legalización alteró el tamaño y la composición de las cohortes que después llegaron a edades de mayor incidencia delictiva.

Pero Levitt no demostró que Giuliani no hiciera nada, ni explicó exclusivamente Nueva York. En 2004 atribuyó el descenso nacional a cuatro factores combinados: más policías, mayor encarcelamiento, el debilitamiento del mercado del crack y la legalización del aborto. La tesis sigue discutida. Christopher Foote y Christopher Goetz encontraron un error de codificación y sostuvieron que, al corregirlo y emplear delitos por habitante, los resultados se debilitaban considerablemente. La lección seria no consiste en cambiar un héroe por una teoría. Consiste en desconfiar de quien confunde coincidencia temporal con propiedad causal.

Ahora llevemos ese mecanismo a una política para mujeres. Quebec introdujo entre 1997 y 2000 cuidado infantil universal y fuertemente subsidiado. Una investigación publicada en Journal of Political Economy encontró que el empleo de madres casadas con hijos pequeños aumentó 7.7 puntos porcentuales frente al resto de Canadá.

Imaginemos a un gobernador que llega años después, presenta una campaña llamada “Mujeres que producen” y, durante su administración, aumentan el empleo femenino, los ingresos familiares y la recaudación. Se fotografía con empresarias, entrega pequeños créditos y se proclama arquitecto de la autonomía económica.

Un análisis riguroso podría descubrir algo menos fotogénico: el salto se concentra entre madres beneficiadas por el cuidado infantil creado anteriormente. La campaña no generó el fenómeno; llegó a tiempo para bautizarlo. El político podría incluso reducir esa infraestructura y continuar cosechando temporalmente efectos laborales construidos antes.

Eso sería lo perverso. Aparecería como campeón de las mujeres mientras consume el capital social y económico producido por una decisión ajena, quizá incluso por una política que está desmantelando. La opinión pública vería liderazgo. Los datos verían rezago, cohortes y oferta laboral.

La arquitectura de influencia comienza ahí: no preguntando quién gobernaba cuando apareció el resultado, sino quién movió antes la variable invisible. La reputación trabaja en presente. La causalidad, casi siempre, tiene memoria.

Just saying…

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Roberto Luna propone negociar sin perder lo humano

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El empresario mexicano Roberto Luna, cofundador de Pinche Gringo BBQ, presentó el jueves 12 de marzo su primer libro, Negociando bonito (Thyrso Editorial), en un evento realizado en su propio restaurante y conducido por el poeta y docente Miguel Santos. Durante el encuentro, Luna leyó fragmentos de la obra y respondió preguntas del público sobre el proceso de escritura.

El libro parte de una premisa poco común en la literatura de negocios: que la eficiencia y la empatía no son fuerzas opuestas. Luna, que combina más de dos décadas de trayectoria empresarial con una cercanía declarada al mundo del arte, sostiene que los modelos tradicionales de liderazgo se agotaron y que hace falta un marco que incorpore la escucha activa y el reconocimiento del otro como condición para llegar a acuerdos duraderos.

Su propia evolución como líder ilustra la tesis del libro. Luna cuenta que sus primeras experiencias de coordinación de equipos, desde joven, le enseñaron que dirigir no es imponer, sino generar confianza; con los años, ese aprendizaje lo llevó a desplazarse del control hacia la inspiración como forma de mando.

«Negociar bonito», el concepto que da título al libro, no es una fórmula de conciliación blanda: Luna lo define como acercarse a la contraparte desde la compasión, entendiendo sus necesidades más allá del intercambio inmediato, de modo que ambas partes se sientan reconocidas en el acuerdo final.

Uno de los capítulos que ha generado más conversación entre los primeros lectores es el décimo, «Negociando con el Espejo», dedicado a la negociación interna: los diálogos que cada persona sostiene consigo misma en momentos de crisis, incluidos los que tocan la autocompasión frente a los propios excesos. Para Luna, ese ejercicio interno antecede a cualquier negociación con otros.

El proyecto ya trasciende el formato libro: existen conferencias, cursos y consultorías derivados de la propuesta, y el contenido se ha traducido a ocho idiomas, entre ellos inglés, chino, hindi y francés. En la presentación, Santos —autor de Mitología de héroes profanos y de varios poemarios— aportó una lectura desde la literatura, situando el discurso de Luna en un terreno más reflexivo que el habitual en el género de management.

El planteamiento de fondo es simple pero incómodo para buena parte de la cultura corporativa: negociar no debería entenderse como un campo de batalla que alguien gana, sino como un espacio de reconocimiento mutuo que se cuida.

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