Ahora hay que convencer a humanos y a las IA´s
Durante años entendimos perfectamente el juego de los influencers: una marca elegía a alguien con una comunidad interesante, le mandaba un producto, armaban una colaboración y esperábamos que miles (o millones) de personas lo vieran. Hasta ahí, todo bastante claro, estaba todo en orden.
Pero ahora apareció un nuevo espectador que no da likes, no comenta y tampoco comparte historias: la inteligencia artificial.
Y esto empieza a cambiar las reglas.
Pensemos en algo muy sencillo. Antes, si queríamos encontrar «los mejores restaurantes para cenar en Ciudad de México», probablemente entrábamos a Google, revisábamos algunas notas, Instagram, TikTok y terminábamos preguntándole a ese amigo que siempre sabe dónde comer.
Hoy preguntamos directamente a una IA, usamos lo que se conoce como SGE (Search Generative Experience).
¿De dónde obtiene información para responder?
Ahí está lo interesante.
Los sistemas de inteligencia artificial construyen respuestas utilizando diferentes fuentes disponibles en internet. Medios, páginas especializadas, sitios oficiales, foros y contenido publicado por creadores contribuyen a formar esa red de información.
Por eso algunas agencias ya están comenzando a pensar las colaboraciones con creadores no solamente en términos de cuántas personas verán el contenido, sino también en cuánto puede aportar ese contenido a la visibilidad digital de una marca.
Es como organizar una buena fiesta. Antes nos preocupábamos principalmente por llenar el lugar. Ahora también importa quién estuvo, qué dijo después y qué conversación quedó alrededor del evento.
Para las relaciones públicas y generadores de contenido esto resulta especialmente interesante.
Una entrevista con un CEO, una reseña auténtica de un producto, la visita de un creador a un hotel o una conversación especializada sobre determinada marca pueden tener una vida mucho más larga que las 24 horas de una historia de Instagram.
Estamos pasando del influencer marketing a la influencia como red y eso obliga a cambiar las métricas.
Los likes siguen importando, pero tendremos que mirar también autoridad, búsquedas, menciones, reputación, conversación y qué tanto aparece una marca dentro de respuestas generadas por IA.
Imaginemos que una firma de relojes trabaja durante un año con diez creadores especializados en relojería. Quizá ninguno tenga cinco millones de seguidores. Pero publican análisis detallados, comparativas y contenido que otras personas consultan y citan.
¿Quién genera mayor valor: la celebridad que consiguió 500 mil likes en una fotografía o los diez especialistas que ayudaron a convertir esa marca en referencia dentro de su categoría? «Que en otra nota hablaremos de las grandes diferencias entre influencers, voceros, embajadores y lideres de opinión.»
La respuesta ya no es tan sencilla.
Y ahí encuentro una oportunidad enorme para marketing y relaciones públicas.
Dejar de contratar audiencias y empezar a construir autoridad, nombre, reputación en un nicho.
Porque el siguiente gran influencer quizá no sea una persona, puede ser un algoritmo tratando de decidir qué recomendarle a millones de ellas.
Y para aparecer ahí, primero tenemos que asegurarnos de tener algo relevante que decir.
Edgar Cleto es colaborador editorial, estratega de relaciones públicas y coolhunter. Su trabajo conecta comunicación, tendencias, negocios e industrias creativas para analizar cómo las ideas, las marcas y la cultura construyen relevancia.